Cada vez que escucho hablar sobre la película tan famosa que vino a rescatar las tradiciones mexicanas para proyectarlas ante el mundo, no puedo evitar sentirme tan orgullosa y decir yo también tuve una COCO en mi vida, ¡Y me refiero a mi abuela Socorro Martínez! Esa mujer que se adelantó en el camino, y que ya descansa en el camposanto junto a su amado “Chelino”.
¡Mi COCO era única, era la matriarca de la familia! aún en tiempos machistas, fue siempre revolucionaria y defensora de las mujeres, más de una vez, la escuché decir como metía en cintura a sus hijos cuando se portaban mal con sus esposas, adoraba cocinar, tenía unas manos mágicas, yo podía comer sus enchiladas rojas, su carne con chile y sus frijolitos recién cocidos todos los días, siempre fue una mujer muy adelantada a su tiempo, por algo mi papá la apodaba María Fèlix de cariño, COCO fue una mujer emprendedora, desde muy joven se dedicó al comercio, vendió un poco de todo a lo largo de su vida: comida, ropa, papelería, etc.
Tenía la habilidad de venderte hasta una piedra. Aún sin un título, era experta en finanzas y economía, sabía como hacer rendir el dinero, hacía compras inteligentes y hasta sabía manejar sus inversiones, gracias a eso logró hacerse de sus bienes. Siempre decía ‘Si tu abuelo hubiera gastado menos, hubiéramos hecho mucho más’. Y vaya que hizo mucho. Sus consejos siempre fueron sabiduría para cada integrante, mantenía la cordura, era prudente, siempre del lado de la razón, aunque jamás daba un consejo si no se lo pedían.
Uno de ellos siempre fue: ¡Sé selectiva! que no cualquiera pueda decir que es tu novio, escoge al que te guste a ti, las mujeres estamos pa’ escoger, no pa’ que nos escojan.
Ella siempre presumía que se había casado con el amor de su vida, con el que ella quería, mi querido abuelo. Su casa fue el hogar de muchos nietos, bisnietos y hasta tataranietos, sobraba amor, ahí se generaron grandes memorias que están escritas en el libro de mi vida. A veces siento que extraño ese lugar, aunque en realidad a quienes extraño es a ellos. Todos hablan cosas buenas de las personas cuando se van, pero de ti, en vida y muerte, hablan de lo grande que eras.
Tan grande que solo te vi llorar una sola vez en mi vida, el día que perdiste a un hijo y a mi abuelo. Aún así sacaste fuerzas y palabras de aliento para consolar al resto, como toda una líder. Sin embargo, cuando muere una matriarca, los hijos se dispersan, y cada uno busca mantener una parte de ella, algunos piensan que quedarse con su casa, su auto o sus pertenencias, es la mejor forma de que permanezca junto a ellos, sin embargo sentirla presente y honrar su memoria va más allá que obtener un articulo material que le perteneció en vida. Se despidió de esta tierra hace dos años, pero se quedó conmigo su poder, sus consejo y algunas de sus habilidades. Cuando una matriarca como mi mamá COCO muere, la muerte podrá terminar con su vida, pero jamás con el amor.






