Este fin de semana todos los reflectores se centraron, o se volvieron a centrar, en una mujer de la política regia: Mariana Rodríguez. 

¿Ahora qué hizo la primera dama de Nuevo León? Se cortó el cabello para mostrar su empatía con un niño que está luchando contra el cáncer y debido a las quimioterapias el cabello se le caía a mechones. 

Es justo y necesario centrarnos en esta parte de la historia, en la que merece el protagonismo un menor que lucha contra un cáncer agresivo. De él sólo se sabe que se encuentra en DIF Capullos y que incluso fue violentado emocionalmente por su propia madre. Los niños con cáncer que se encuentran a cargo del DIF es porque sus padres no los apoyan para asistir a sus quimioterapias. Vale la pena dedicar unos momentos a quien debió ser el protagonista de la historia: un menor que sin el apoyo de sus padres, a su corta edad, ha sido valiente en la batalla de su vida. Ha encontrado la fuerza y la motivación en quién sabe dónde, para poder continuar. 

Cada vez que hacemos una buena obra, las redes nos han orillado a que la historia se trate de nosotros y no de ellos. Se nos olvida que quienes la están pasando mal son ellos, no nosotros que nos encontramos en la comodidad de decidir si ayudamos o no.

En las redes sociales todos queremos contar historias, tengamos la empatía para contar las de ellos.

En México son entre 5 mil y 6 mil casos de cáncer en niños los detectados al año, de éstos, el 50 por ciento son leucemias.

Dentro de los síntomas más comunes están la pérdida de peso, del apetito, palidez, cansancio, apatía, dolor de huesos y moretones. Esto sin considerar los estragos de los tratamientos. A veces se va la enfermedad, pero siempre se va su niñez.

Es injusto que los más inocentes pasen por momentos tan duros, pero es inhumano, casi un delito que tengan que pasar por eso sin el amor, el cobijo y el soporte de una familia. 

De la primera dama de Nuevo León sólo diré que ha hecho mucho más que la mayoría de nosotros y que seguramente el haber estado allí en primera fila, sintiendo el dolor de un niño, le permitirá asegurarse de que los menores reciban su tratamiento y no agua como en Veracruz. 

Podrá ser muy criticada, pero está comenzando por el inicio: conocer, empatizar, actuar y supervisar. La mayoría de los políticos llegan a supervisar y en sus largos años de función pública no logran conocer, mucho menos empatizar.

A nosotros nos queda estar atentos, porque sin estar obligados a raparnos, podemos lograr hacer algo más; que hasta ahora, diría San Francisco de Asís, ‘poco o nada hemos hecho’.