Le gritaron ‘¡ratero!’ al expresidente, Enrique Peña Nieto quien iba acompañado por su novia, allá en Italia, al salir de un lujoso restaurante y abordar un taxi.
No cabe duda que el político que sale a la calle, sin guaruras, se somete al juicio popular.
Aquél que lo hace, pero con seguridad todo el tiempo y con camioneta de lujo blindada, refleja el miedo a los ciudadanos y teme siempre lo peor: que su consciencia esté intranquila.
Una vez entrevisté al exgobernador Óscar Flores Tapia. Llegué a su casa y me advirtieron: hay de dos sopas, se levanta enfurecido de su siesta o se levanta tranquilo.
Y sí, se levanto tranquilo… ufff, pero me ordenó subir a su camioneta, para acompañarlo al mandado.
Ya en camino le hice una pregunta para tener de que hablar: ¿Cuál es la mayor satisfacción de un exgobernador?
No la respondió y en mis adentros me dije: está encabronado, durmió de más. Su respuesta fue un silencio y su mirada no dejaba de ver hacia adelante, mientras manejaba.
Ya en el supermercado me pidió llevar el carrito, mientras él seleccionaba su mandado, por cierto mucho. Y la gente lo saludaba todo el tiempo. ‘Adiós don Óscar, saludos don Óscar’.
Él asentaba con su cabeza y alzaba la mano.
Y de pronto me respondió: esa es la mayor satisfacción de un exgobernador. Salir a las calles o a comprar mandado y que te saluden y no te rayen la madre.
‘Eso quiere decir que lo hiciste bien, como yo lo hice’, puntualizó don Óscar Flores Tapia.
Tenía y tiene razón.






