El mensaje es claro.
El expresidente Andrés Manuel López Obrador apoya al gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha.
A pesar de que Donald Trump lo anexa a la lista de funcionarios ligados al narco, el mensaje de Andrés Manuel López Beltrán, Andy, es contundente.
El ala de López Obrador que presiona a la presidenta Claudia Sheinbaum no lo entregará a la DEA.
El joven Andy fue hasta Culiacán a entregarle la credencial de afiliación de Morena a un Rubén Rocha que se resiste a renunciar, a pesar de las pruebas que tienen aquí y en los Estados Unidos de sus nexos con el crimen organizado.
De nada han servido las manifestaciones contra el gobernador de Sinaloa de miles de ciudadanos que pasan meses y meses y siguen agobiados por la inseguridad, por la lucha entre los cárteles de “Los Chapitos” y de “El Mayo” Zambada, secuestrado y llevado a los Estados Unidos.
Tampoco han servido las denuncias en Estados Unidos que ligan a Rubén Rocha al estado de violencia y de inseguridad en Sinaloa.
Al recibir la credencial en Culiacán de manos del más importante dirigente de morena, Rubén Rocha recibe oxígeno puro.
Al mismo tiempo, se envía el mensaje de que es inamovible, ante la mirada atónita del círculo cercano de la presidenta Sheinbaum, que hace la tarea de combate al crimen organizado que dicta el presidente Trump.
Queda bien claro que Rubén Rocha goza de impunidad.
Lo menos que quiere Morena es que se ejecute el efecto dominó, con el cual cae una pieza y caen todas las demás de un tablero morenista agobiado por los pésimos resultados de sus gobernadores para erradicar la cada vez peor inseguridad.






