De golpe y porrazo la presidenta Claudia Sheinbaum fulminó a dos.

A Ricardo Mejía y a Tony Flores, ambos políticos plurinominales, nadie votó por ellos, ambos fracasados.

Ricardo Mejía más que “Tigre” es el chapulín de la política y es aborrecido por la presidenta Claudia Sheinbaum quien, como candidata, lo clasificó como traidor.

Y el que traiciona una vez, traiciona siempre y nunca será confiable.

Desde aquellos tiempos, la hoy presidenta no lo quería y no lo quiere, el presente y el futuro de Mejía es gris.

Su arribo a la Cámara de Diputados fue por acuerdos con el PT y por la vía plurinominal.

Y desde ahí sigue haciendo daño.

Ahora se lo hizo al diputado novato, también plurinominal, Tony Flores.

Primero lo convenció a que fuera diputado y empresario del carbón, a la vez, con oscuros intereses económicos de por medio.

El otro se la creyó y ahora la presidenta Claudia Sheinbaum también lo puso en su lugar.

Comulgar con el ejemplo, por andar de presumido con un Lamborghini color Morena por las calles llenas de baches en Múzquiz y argumentando que tiene mucha lana porque es empresario y su sueño es tener vehículos de más de ocho millones de pesos.

Pero no quedó ahí, la presidenta Sheinbaum lo remató al señalar que los diputados no deben ser empresarios. Se debe legislar eso, puntualizó molesta por los desplantes de nuevo rico de Tony Flores.

La dupla Mejía-Flores quedó fulminada y puesta en su lugar. Mejía por ventajoso y Tony por novato, ingenuo y lo que le sigue.

Ricardo Mejía cada vez está peor, y el otro, debut y despedida.