El árbitro no puede marcar penal y tirarlo. El INE es el mediador electoral y debe dejar que cada equipo tome sus decisiones. Finalmente se da lo justo; cada partido político decidirá su candidata o candidato. En el Estado de México y aquí hombres: Manolo el amarrado por el PRI y a finales de agosto Morena decide a su abanderado de entre Guadiana, Mejía y Luis Fernando; solo entre ellos, Reyes ya chupó faros.

Jericó ya habla de unidad y sabe que el elegido es Jiménez Salinas. Ya hubo arreglo y el diputado federal sigue en el PRI. ¿Qué negoció? ¿Senador o alcalde? Lo que haya sido, lo importante es la unidad. Aquel candidato que no logre unir y sumar a la población no partidista, perderá la gubernatura de Coahuila.

En el caso del secretario estatal, es necesario desmarcarse de Rubén Moreira y de Carolina. No hacerlo es un error de medición electoral. Ambos y su gente son pasivos, muy pesados de cargar como el mismo Alejandro Moreno, el loquito de soberbia. Manolo trae al mejor operador político: Miguel Riquelme.

En el PAN, Memo Anaya ya desplazó al grupito del alcalde de Monclova, Mario Dávila; Alfredo Paredes pasó de ser un exalcalde corrupto y perdedor a un pesado lastre que nadie quiere cargar. Aún dice que será funcionario estatal o cercano en la estructura de trabajo de Manolo Jiménez, pero lo cierto es que nadie lo quiere cerca, huele mal.

El Mirón se asomó a la Fiesta Internacional de las Artes de Saltillo. Se sacó un diez el alcalde Chema Frausto por magnos eventos y grandes públicos en el marco del 445 aniversario de la ciudad. La sensibilidad cultural se siente. En contraste, da pena la feria, mal organizada y con riesgos en los juegos mecánicos. Lástima de visión mediocre en una ciudad donde sus habitantes merecen más.