¿Qué hace la diferencia entre el riesgo por un fenómeno natural y las tragedias? Sin duda, la prevención.

Con el avance de la tecnología, el monitoreo de las autoridades del Gobierno estatal, en coordinación con los municipios, trajo consigo que la tormenta tropical «Alberto» registrara el saldo blanco. 

No hubo personas fallecidas y eso es lo más importante.

Salvo incidentes que fueron atendidos a tiempo por personal de Protección Civil, quienes se la rifaron al proteger a personas en riesgo por la corriente de agua en zonas peligrosas, la política preventiva funcionó muy bien.

Desde el lunes, el gobernador Manolo Jiménez convocó a las autoridades responsables del área para implementar las estrategias de protección a la población en todas las regiones.

Desde la suspensión de clases, los albergues, la difusión de medidas preventivas, hasta el auxilio a tiempo y exitoso.

Hoy la prevención a tiempo permite enfrentar los fenómenos naturales de la mejor manera posible, bajo la premisa de que la naturaleza no tiene palabra y, a veces, muestra su lado atípico y peligroso.

Hay otra parte positiva. Las intensas lluvias sirvieron para recargar los mantos acuíferos y mitigaron las altas temperaturas.

El Mirón escuchó voces de que fue menos de lo que se esperaba. 

Podría ser que, depende del lado que se vea y se analice, pero lo cierto es que más vale prevenir que lamentar.

Recuerde la tragedia del año anterior en Acapulco, donde más de 60 personas murieron porque el gobierno de ese estado ignoró las alertas de la Comisión Nacional del Agua.

Aquí en Coahuila no.

Aquí lejos de ignorar o de reducir los márgenes de riesgo, el Gobierno estatal y los alcaldes como Chema Frausto, en Saltillo; Chema Morales, en Ramos Arizpe; Ramiro Durán, en Arteaga; Norma Treviño, en Piedras Negras; Emilio de Hoyos, en Acuña; y Román Cepeda, en Torreón; trabajaron en coordinación y el resultado fue muy positivo.