En la situación más improbable, un desconocido me platicó que quería dejar a su novio, pero que no lo podía dejar porque amenazaba con suicidarse.
El suicidio no es algo para tomarse a la ligera. El año pasado Saltillo registró 102 casos, es decir cada 3.5 días una persona decidió quitarse la vida. Este año, la temporalidad se acortó a 2.8 días, lo que indica que la suma del 2021 podría llegar a 129 y representar un aumento de casi el 27 por ciento. A nivel estatal los números también son preocupantes; después de estar en la posición 16 en 2019, en 2020 se convirtió en el quinto estado con mayor índice de suicidio.
Se tienen pocas certezas del tema y su estudio es muy complicado, pero de las pocas certezas que se tienen al respecto es que ocurre por una decisión provocada por un sentimiento y cada quien es responsable de los suyos.
Nos matamos un poco todos los días, al prender un cigarro, al preferir el sofá antes que el gimnasio o simplemente por no querer lavarte los dientes un día antes de dormir; también al perder el tiempo, al desperdiciar tu vida en una relación que te mata todos los días.
Sentado en los pasillos de una plaza, escuché el cuento que empezó como muchos, con atracción física y deslumbramiento económico. Al mes comenzaron a vivir juntos y la magia desapareció; el príncipe azul se convirtió en celador.
Hubo infidelidad de las dos partes, no entendí bien quién la cometió primero, pero uno ponía los cuernos y el otro le pagaba con la misma. Con cada disculpa se apretaban más los grilletes. Ese día, el sufridor en cuestión logró salir gracias a dos amigos que le ayudaron a escapar por el patio, mientras la bestia dormía.
—Déjalo, vete de ahí— le dije.
—No podría con el remordimiento si se hace algo. Aparte ¿cómo me voy?
—¿Dependes económicamente de él?
—¡No! Yo pago la renta solo, según él iba a comprar casa, pero ni dinero tiene.
—Entonces pon un pie adelante del otro y no regreses, cura tus heridas y sigue con tu vida— uno se pone filósofo con la cerveza.
Cuando llegué a mi casa ya éramos amigos en Facebook. Al despertar, el primer post era de él. “Gracias mi amor”, decía la publicación que acompañaba la fotografía de unas gorditas, una rosa y una coca de lata.
En fin, como decía Bukowski: Querida, encuentra lo que amas y deja que te mate.






