Esta sería la segunda vez en un mismo año que hablamos de una adaptación de Pinocho, el afamado personaje del escritor Carlo Collodi que presentaba en periódicos italianos la historia del niño de madera y su padre. A 140 años de la primera aparición de Pinocho, parece que aún hay tela de donde cortar para contar una nueva aproximación a la trama, a pesar de la enorme decepción que fue la propuesta de Robert Zemeckis.

El director mexicano Guillermo del Toro, en compañía del cineasta Mark Gustafson, tratan de ver desde otra óptica la tradicional historia, rindiendo honor a la historicidad en la que se desenvuelve la trama y agregando matices poco explorados a los personajes que ya todos conocemos, pero ¿Es suficiente para ganarse un lugar como la adaptación por antonomasia?

La historia es la que ya sabemos: Gepetto es un carpintero que ve morir a su hijo y crea a un niño de madera que cobra vida, el cual deberá sortear una serie de pruebas para demostrar que puede ser un niño de verdad, mientras su padre aprende que no puede cambiar la naturaleza de las cosas. Sí, es la misma trama que ya conocemos, pero el guion, coescrito por el mismo del Toro, busca dotar de humanidad no simplona y matices reales a nuestros personajes, rayando en temas como la pérdida, el alcoholismo, el apego y la ambición, además de colocar situaciones sociales como la guerra vista desde la óptica de un niño, la religión y la muerte, todo ello aderezado con algunas válvulas de escape que no terminan de definir un tono estable.

Justo en el tono es donde el primer bache de la cinta se presenta, que ojo, no quiere decir que arruine la película, solo que tal vez no deja que los sucesos terminen de impactar del todo y agrega ciertos momentos musicales que si no existieran la cinta se tornaría aún más turbia, pero es completamente entendible que una gran parte del público meta está en los infantes, aunque, a mi parecer traiciona un poco a las mismas declaraciones del director cuando defendía la animación no como un género, sino como una forma de contar una historia.

No estoy diciendo que esta cinta sea algo a la Disney, para nada, solo que tal vez estamos frente a una cinta que pudo ser tan cruda como Anomalisa, Isla de Perros o ¿Dónde Está Mi Cuerpo?, y terminamos en medio, pero con un sabor de boca sumamente agradable al empatar una animación prácticamente implacable y una propuesta distinta a lo que veníamos viendo con el personaje de Pinocho; ya si quieres ver algo más raro acércate a la versión protagonizada por Benigni, aunque no lo recomiendo.

Los actos de la cinta delimitan de manera cronometrada el avance de toda la trama, colocando plots interesantes y criticando fuertemente al fascismo italiano, lo que nos hace sentir un verdadero compromiso de los cineastas a cargo de esta producción por ofrecernos algo de calidad desde el fondo y evocando a emociones como la tristeza y el desamparo al colocarnos en los pies de un infante frente a una guerra y el rechazo de ser diferente.

La animación en stop motion muestra una maestría en la manera que se fotografía cada encuadre, cuidando la iluminación y los tonos con una fluidez natural que nos deja con más ganas de vivir en el universo de Pinocho, y siendo sinceros, simplemente por la animación es que vale toda la pena darle una oportunidad a la cinta.

El segundo tropezón de la cinta recae en el doblaje de la producción, pero no es enteramente culpa de la película y déjame te explico por qué: la distribución de Pinocho estuvo a cargo enteramente de la productora Pimienta Films, ya que no hubo cadena de cine grande que se hiciera cargo de ella y solo fue posible mostrarse en algunas salas pequeñas de México. Ahora bien, Netflix estrenará la cinta el 9 de diciembre, por lo que la producción llegó solo doblada al español a salas y nos perdimos de las voces de Ewan McGregor, Ron Perlman, Tilda Swinton y Finn Wolfhard.

No estoy diciendo que el doblaje al español sea malo, solo que se siente una diferencia entre las gesticulaciones y la manera en la que los personajes y su fisionomía tratan de concretar una unidad argumental, pero para juzgarlo deberemos esperar a verla de nuevo en plataformas.

Ahora bien, con la visión un tanto más cruda y monstruosas (por decirlo de alguna manera), parece que estamos frente a la versión definitiva de Pinocho, y en gran medida así es, solo que quizás las recepciones de un gran sector del público terminen por inflar aún más la experiencia y ahí recaigan algunos puntos en contra.

¿La cinta es mala? Para nada ¿Es el mejor trabajo del director mexicano? Me parece que no, pero no demerita todo el trabajo hecho y la magnífica cinta, aunque termina pecando en un par de lugares comunes que ojalá no hubiesen pasado.

Ya nadie cree en los premios Oscar, perdieron su credibilidad hace años, pero si Pinocho de Guillermo del Toro no se lleva la estatuilla como mejor cinta animada, estaremos frente a un roo enorme, esa es la escala de esta cinta: está hecha para triunfar y disfrutarse, pero no tanto para demostrar que la animación no solo son cintas infantiles.

Vela cuando llegue a Netflix, ya que lamentablemente la distribución fue muy corta. Sin duda esta cinta te dejará un sabor de boca bastante agradable.

Calificación: 8.6