Ya ni la friegan. Ahora resulta que los industriales de Saltillo, los que claman por la limpieza electoral y rostizan en leña verde a los candidatos que cometen fraudes para ganar una elección, aquellos que exigen transparencia electoral, ahora están manchados por el fraude para elegir a su presidente .
Antonio Domínguez, acusa al «Guayo» Garza de haber inscrito de última hora a industrias, que según él no existen, para ganarle la presidencia de Canacintra por cuatro votos.
Eduardo Garza, el «Guayo», asegura que es falsa la acusación y le pide a Domínguez que acepte su derrota.
Antes de la cerrada elección ya había un ambiente extraño, nunca antes sentido en un proceso electoral del sector privado, nunca antes entre los industriales se había registrado una lucha de poder.
Y también nunca antes un aspirante, el «Guayo» Garza había tenido un antecedente al margen de los industriales, pues sus antecedentes son como funcionario en la Universidad Autónoma de Coahuila. De industrial no se le conoce nada.
Sí se le conoce su proclive instinto a vivir y muy bien, de la nómina universitaria y de los enormes gastos en fiestas que contribuyó a la quiebra del Casino de Saltillo.
Ahora saltó como aspirante a dirigir la Cancacintra y es acusado de fraude electoral.
Entonces tiene razón el presidente Lopez Obrador sobre las tranzas de los líderes del cuello blanco, de los miembros del sector privado.
Y bien dice la biblia, veremos cosas peores. Ahora, Antonio Domínguez pedirá revisión del proceso, voto por voto, industrial por industrial.






