Tras el estreno de The Suicide Squad a cargo de James Gunn, DC no había presentado un largometraje durante el 2022, pero la llegada de Black Adam a la pantalla grande busca sumar un nuevo arranque a la línea temporal del universo fílmico de superhéroes de la productora, aunque tal vez la cinta divida a los fanáticos que siguen teniendo fe en que algún día podrá existir una aglomeración de producciones al estilo de Marvel.
De la mano del director español/americano Jaume Collet-Serra, mismo cineasta que realizó La Huérfana, Gol II y La Casa de Cera, llega este acercamiento a uno de los antihéroes más imponentes de DC, contando una historia de origen y colocando al personaje inmediatamente dentro de la misma línea temporal de las cintas pasadas de la misma productora, logrando que de inmediato el público entienda algunas reglas que la cinta plantea.
Si bien lo anterior parece un punto positivo, la realidad es que meter todas las ideas dentro de un mismo frasco no permite que la película se sienta con un tono auténtico que llegue a cambiar las reglas del juego, pero tampoco es algo que juegue en contra de la historia por completo.
El guion toma conceptos e ideas planteadas en Shazam, pero con un tono ligeramente más serio durante el primer acto de la película, aunque cae en algunos momentos infantiles con personajes que desarrollan clichés y lugares comunes que no dejan avanzar del todo la producción, además de alargar el tercer acto con una resolución doble que, aunque concreta satisfactoriamente los arcos que plantea, no se siente como una conclusión favorable.
La actuación de Dwayne Johnson como Black Adam es de esa clase de interpretaciones que parecen estar hechas a la talla exacta del actor, ya que tanto en forma como en fondo tenemos un personaje redondo que no requiere grandes niveles histriónicos para llenar la piel del protagonista.
La integración de personajes poco conocidos como Atom, Isis y Carter Hall se sienten como una bocanada de aire fresco que trata de darnos más dimensión al relato, además de sumar actuaciones interesantes con la participación de Aldis Hodge y Noah Centineo.
Mención aparte se merece Pierce Brosnan como Doctor Fate, siendo uno de los agregados más interesantes de la cinta, pero llegando a un arco que culmina demasiado pronto y dejándonos con ganas de ver más de lo que podría ofrecer.
El CGI es abundante y abarca más del 70 por ciento de la cinta con evidentes pantallas verdes y explosiones por doquier, pero no está mal ejecutado del todo, llegando a ser bastante similar a un look como el visto en 300, eso sí, mucho mejor que el primer corte de la Liga de la Justicia.
El problema de la cinta recae en la forma en la que trata, o no, de establecer un tono estable, ya que en realidad pasea entre la seriedad y el chiste fácil, dejando algunos huecos argumentales que tratan de ser solucionados con una vuelta de tuerca un tanto sosa y floja que en realidad no agarra por sorpresa a casi nadie.
Los baches no arruinan del todo la cinta, más bien la convierten en una película destacable dentro del Universo Extendido de DC, pero olvidable dentro del cine estrenado en este año, aunque debemos aceptar que puede servir como ancla para los siguientes proyectos que Warner (o Discovery) tenga bajo el brazo.
Si ves todas las cintas de superhéroe que llegan a la sala, definitivamente querrás ver Black Adam y no te vas a aburrir, pero si eres de esos que solo se acercan a este tipo de películas cuando son más profundas, lo mejor será que la veas cuando llegue a streaming. En cambio, si lo que buscas es algo palomero que no te haga pensar mucho, darle una oportunidad no suena como una mala idea. Solo recuerda quedarte en la escena post créditos.
Calificación: 7.2






