La llegada de una ola de aproximadamente 20 mil haitianos a Ciudad Acuña-del Río Texas, obedece a otra mala jugada del Gobierno federal para Coahuila.

Nadie, ni gobernación, ni el Instituto Nacional de Migración advirtieron al Estado sobre la llegada de los haitianos. Y es que de golpe llegaron y han puesto en jaque a las autoridades de ambos países. Ni oportunidad de diseñar una estrategia para amortiguar el golpe de su llegada. Más en materia de prevención del covid, no se diga de alimentación y servicios básicos.

¿Por qué no llegaron a otros estados de la frontera con Estados Unidos?, ¿por qué en Coahuila?

Los haitianos fueron a dar a Ciudad Acuña, como un segundo intento –ya sucedió el primero hace un año–, para reventar a las autoridades de Coahuila.

No sólo en el tema de un posible maltrato que ocasione respuesta de protesta de los derechos humanos, sino en el desorden social y los riesgos graves de contagios de covid.

Estados Unidos ya inició las deportaciones, pero ver a Coahuila cómo objetivo de disputas políticas usando migrantes, no se vale.

No es casualidad que Marcelo Ebrard, como secretario de Relaciones Exteriores no diga ni haga nada sobre este delicado tema que se enmarca en el genuino deseo de los haitianos de buscar mejores condiciones de vida.

El que calla otorga y Marcelo es la cara de un Gobierno federal que no resuelve problemas, pero sí los asigna a estados caracterizados por el trabajo como Coahuila.