Hace poco escribí que es fácil evaluar los resultados de una administración federal, estatal o municipal.
En este caso, dije, la mejor evaluación es cuando usted va al mercado a comprar el mandado.
El huevito, los frijoles, la carne, la fruta, el pollo, las verduras y más.
Y mira que tenía razón. Los porcentajes generales de aumentos de precio en los productos básicos supera el 35 por ciento.
Y si le agrega, el aumento en los precios de las gasolinas, la calificación será más certera.
Hace unos días, el presidente López Obrador reunió a más de 250 mil seguidores. Unos acarreados y otros no, como lo hacía el PRI, y demostró su fuerza política que, vaya que la tiene con percepciones de entre 7.2 y 7.4.
Sin embargo, esa vía, nada tiene que ver con la eficiencia de las políticas públicas que se rellenen en mejor calidad de vida y combate a la pobreza.
La lectura de la concentración en el Zócalo obedece más al rechazo a los gobiernos priista o pianistas.
Insisto, la calidad de los gobiernos se mide cuando usted va a comprar el mandado y en ese sentido, fuera de las posiciones políticas, los aumentos de precios califican pésimo al Gobierno federal en su principal tarea social.
En contraste la pobreza aumenta.






