Saltillo, debe implementar una Gobernanza, más allá de un periodo de gobierno, que permita aplicar acciones de diversos actores sociales para enfrentar las temperaturas crecientes, expansión urbana, pérdida de cobertura vegetal y disponibilidad limitada de agua. La solución no consiste en sembrar árboles indiscriminadamente, sino en desarrollar una política pública permanente de infraestructura verde basada en ciencia, especies nativas y financiamiento sostenible. La propuesta integra acciones coordinadas entre gobierno, empresas, universidades, instituciones educativas y ciudadanía.

La infraestructura verde es hoy un componente tan importante como las vialidades o el drenaje. Para Saltillo, donde predomina un clima semiárido, la reforestación debe orientarse a restaurar el ecosistema urbano sin incrementar innecesariamente la presión sobre los recursos hídricos.

El crecimiento de la mancha   urbana ha reducido áreas permeables y aumentado las islas de calor. Muchos programas públicos privilegian el número de árboles plantados y no su supervivencia. Un programa exitoso debe medir supervivencia, cobertura de copa, reducción de temperatura, infiltración de agua y biodiversidad.

El Ayuntamiento debe elaborar un Plan Maestro de Infraestructura Verde con horizonte de veinte años; crear un inventario georreferenciado del arbolado; establecer metas de supervivencia superiores al 85 %; integrar un vivero municipal de especies nativas; utilizar agua tratada para el establecimiento de plantaciones y coordinar esfuerzos con Gobierno del Estado, CONAFOR, SEMARNAT y Aguas de Saltillo. Las empresas pueden financiar corredores verdes, a través de compensaciones ambientales y adopción de parques. Las universidades deben desarrollar investigación aplicada, monitoreo satelital, evaluación de captura de carbono y producción de material vegetal. Las escuelas pueden adoptar áreas verdes y convertirlas en aulas ambientales. La ciudadanía debe participar en riego inicial, vigilancia y conservación.
La estrategia debe integrar parques, camellones, banquetas amplias, escuelas, hospitales, cauces, zonas de infiltración, estacionamientos, parques industriales y un cinturón verde periurbano. Es indispensable incorporar jardines de lluvia, pavimentos permeables, captación de agua pluvial y riego por goteo.

Saltillo, Coahuila, se localiza en una región semiárida donde la disponibilidad de agua constituye el principal factor que debe orientar la planificación del paisaje urbano. Por ello, la selección de especies vegetales debe priorizar plantas nativas o adaptadas al clima local, capaces de sobrevivir con escaso riego y de aportar beneficios ecológicos duraderos. En este contexto, es recomendable evitar el uso extensivo de céspedes de alto consumo de agua, como el pasto bermuda, San Agustín y kikuyo, así como la plantación masiva de eucaliptos, sauces y álamos fuera de sitios apropiados, debido a que presentan una elevada demanda hídrica y pueden incrementar la presión sobre los acuíferos.

Es importante aclarar que el pasto sí produce oxígeno mediante la fotosíntesis. Sin embargo, comparado con árboles y arbustos de mayor biomasa, su contribución por superficie suele ser menor y, sobre todo, requiere riegos frecuentes, fertilización y mantenimiento intensivo para conservarse verde en un clima seco. Desde una perspectiva de sostenibilidad, el problema del césped no es que no genere oxígeno, sino que el volumen de agua necesario para mantenerlo resulta desproporcionado respecto a los beneficios ambientales que ofrece en regiones con estrés hídrico.

En sustitución de grandes superficies de césped, conviene establecer jardines xerófilos o xerojardines, caracterizados por el uso eficiente del agua, acolchados minerales, riego por goteo y vegetación endémica. Entre las especies recomendadas destacan el mezquite (Prosopis glandulosa), huizache (Vachellia farnesiana), anacahuita (Cordia boissieri), cenizo (Leucophyllum frutescens), sotol (Dasylirion spp.), lechuguilla (Agave lechuguilla), yucas, nopales y diversas cactáceas. Estas especies requieren menos agua, favorecen la infiltración, proporcionan alimento y refugio para polinizadores y conservan la identidad paisajística del Desierto Chihuahuense.

En viviendas, parques, camellones y espacios públicos, los jardines con plantas nativas pueden combinar texturas, floraciones estacionales y colores naturales, ofreciendo una imagen urbana atractiva durante todo el año con menores costos de mantenimiento. Asimismo, la incorporación de jardines de lluvia y pavimentos permeables mejora la captación de agua pluvial y reduce escurrimientos. Una estrategia basada en especies endémicas fortalece la biodiversidad, disminuye el consumo de agua potable y contribuye a una ciudad más resiliente frente al cambio climático, sin renunciar al embellecimiento del paisaje urbano.

Una idea frecuente es que existe un árbol que produce más oxígeno que todos los demás. Científicamente la producción depende de la biomasa, el área foliar, la edad, la disponibilidad de agua y el estado sanitario. Un árbol nativo que sobrevive cincuenta años aporta mucho más oxígeno, captura más carbono y presta mayores servicios ambientales que un árbol de rápido crecimiento que muere después de pocos años. Por ello la prioridad debe ser la permanencia del arbolado.

Conviene evitar plantaciones masivas de eucaliptos, casuarinas, álamos y sauces fuera de ambientes ribereños, así como arbustos exóticos con elevada demanda de agua cuando existan alternativas nativas. No se trata de prohibiciones absolutas; la selección depende del sitio, pero la regla general es privilegiar especies adaptadas al clima de Saltillo, sin olvidar la promoción de jardines verticales en las infraestructuras que así lo permitan.  El éxito depende de un fondo multianual. El presupuesto municipal debe destinar recursos específicos para plantación, mantenimiento durante tres años, monitoreo y reposición.

Reforestar Saltillo significa construir infraestructura para las próximas generaciones. La meta no debe ser plantar millones de árboles, sino consolidar un bosque urbano resiliente, científicamente planificado y financieramente sostenible. Una ciudad más verde reducirá temperaturas, mejorará la calidad del aire, favorecerá la infiltración de agua, incrementará la biodiversidad y fortalecerá la salud pública.