En Coahuila no podemos normalizar que niñas, niños y adolescentes falten a clases. Cada ausencia representa mucho más que una silla vacía: significa oportunidades perdidas de aprender, convivir y construir un mejor futuro.

Hoy, maestras y maestros de nuestro estado han expresado una preocupación legítima: el ausentismo escolar va en aumento. La reciente eliminación del requisito mínimo de asistencia para acreditar el ciclo escolar ha encendido alertas en las aulas, porque el mensaje que no debemos transmitir es que asistir a la escuela da lo mismo. Y, por supuesto, que no da lo mismo.

La educación se construye todos los días, con presencia, con acompañamiento. Cuando una alumna o alumno falta con frecuencia, no solo se perjudica su aprendizaje. También se interrumpe el ritmo del grupo, se dificultan los avances académicos y se debilita el vínculo entre la escuela y las familias.

Por eso, presentamos un Punto de Acuerdo para exhortar a las autoridades educativas a establecer protocolos claros y mecanismos de seguimiento ante casos de inasistencia recurrente. El objetivo no es castigar, sino actuar a tiempo, acompañar a las familias y, principalmente, proteger el derecho efectivo a la educación.

Garantizar el derecho a la educación no consiste únicamente en abrir las puertas de las escuelas, sino en asegurar que las y los estudiantes permanezcan en ellas y aprovechen a fondo cada día de aprendizaje.

La asistencia escolar debe seguir siendo una responsabilidad compartida. Porque defender la educación también significa asegurar que cada estudiante esté donde más oportunidades tiene de aprender: en su salón de clases.