En las últimas décadas del siglo pasado, se intensificó enormemente el narco tráfico, negocio sumamente redituable que satisfacía una necesidad de mantener embrutecidos a una juventud que acusaba niveles de hastío e indolencia; vicios propios de una sociedad en decadencia y de alto  consumo que busca mantenerse fuera de la realidad ante la ausencia de autoestima, la pérdida de valores y harta de ver la degradación y la destrucción de la humanidad mediante las guerras de rapiña y del medio ambiente. Florecieron entonces los cárteles internacionales y las trasnacionales armamentistas, que sembraron odio, discordia y muerte; ya a más de 50 años de expansión del “negocio”, comenzó a preocupar a los Estados consumidores hasta convertirse en un problema de salud y de seguridad nacional; entonces se prescribió, se atacó a los Estados productores, de trasiego, de comercio, hasta llegar a convertirlos en terroristas. Es importante considerar estas premisas; porque en la práctica sucedió la creación de un monstruo y luego se asustan de Él; combatirlo ahora, resulta un problema de enorme complejidad y sirve de pretexto para invadir territorios y apoderarse de riquezas más allá del combate al narco tráfico.

Los “Extraditables” surgen en los años 80´s del siglo pasado en Sur América, particularmente en Colombia y se les llamaba a los capos mafiosos susceptibles de ser entregados para que fueran juzgados penalmente en los Estados Unidos, de entonces a la fecha, se ha convertido en práctica cotidiana solicitar la extradición de un buen número de delincuentes de la frontera sur de E.U. desde México hasta la Patagonia. 

En los últimos meses se ha recrudecido esta demanda y se ha trasladado un debate a los límites de violación de soberanías y de derechos humanos. México en el Ultimo año ha entregado cerca de 100 requeridos por la justicia Norteamericana, y existe la petición de entregar unos cuantos más, el caso más reciente es lo de Sinaloa; pero el empeño estriba en querer tipificar al Estado mexicano como un Narco Estado, para poder postrarlo y arrodillarlo, ante los caprichos y requerimientos de la Justicia selectiva Norteamericana, en el fondo lo que se requiere, son Estados dóciles que permitan la injerencia e intervención para imponer el modelo de democracia a la manera de como ellos la conciben, considerándose una supremacía sobre los Pueblos del Mundo.