En 1974 Tobe Hooper presentó una cinta de bajo presupuesto, con un elenco prácticamente desconocido y con una historia centrada en un asesino que se disfraza con una máscara hecha con la piel de sus víctimas y usa una motosierra para aniquilar a quien se cruce por su rancho.

Dada la naturaleza del material, la cinta tuvo problemas de distribución, fue prohibida en varios países y obtuvo críticas no muy favorables, pero eso no la detuvo para reunir más de 30 millones de dólares en taquilla y colocarse como una de las cintas slasher más importantes hasta la fecha.

Tiempo después Hooper realizaría una secuela, lo que daría pie a cuatro secuelas más, una adaptación y dos precuelas, todas ellas con elementos similares a la cinta original, pero sin llegar al nivel que su predecesora mostró y recibiendo críticas negativas.

Así llegamos al 2022, donde David Blue García dirige una secuela directa de la cinta de 1974 y trata de colocar en nuestra época los hechos acontecidos hace casi 50 años. Si bien hay litros de sangre, muertes inverosímiles y un asesino que parece indestructible, la película del matón de Texas cuenta con una serie de problemas que dejan un sabor agridulce.

La película producida por Netflix se empeña en enfatizar dos pilares: los acontecimientos ocurren en el mismo lugar y con el contexto de algunos personajes de la cinta original, y la anécdota sucede en nuestros tiempos, donde la tecnología y las redes sociales son sumamente importantes.

El problema es que se esfuerza tanto en demostrarlo que resulta reiterativo, cansado y poco fluido. Los aditamentos tecnológicos que usan los personajes son más un pretexto para que la historia avance que un móvil real, resultando soso y entrando en clichés baratos.

El guion está escrito por Chris Thomas Devlin, basándose en la historia escrita por Fede Álvarez (director de No Respires), lo que resulta en una mezcla de buenos inicios argumentales pintados con malas decisiones de desarrollo y nudos forzados que incluyen a personajes de la cinta original.

La anécdota se centra en Melody y su grupo de amigos, quienes acuden a Harlow para subastar las propiedades del viejo pueblo, ignorando que Leatherface vive escondido ahí con su madre y desencadenará una nueva masacre para sacar a quienes quieran apoderarse del territorio. Sally Hardesty, la única sobreviviente de 1974, regresará para cobrar venganza por la muerte de sus amigos y tratará de salvar a los jóvenes que fueron al pueblo.

Tan solo contando el argumento central notamos que el punto es forzar, de la manera que sea, la historia para que dos distintas generaciones converjan. Parece sumamente necesario dejar en ridículo a las nuevas generaciones que viven pegados al celular, y la cinta no tiene reparo en ello, retratando a los jóvenes como personas sin sentido común.

El asesino literalmente termina con las nuevas generaciones en una masacre llena de tripas, hasta que llega la heroína del pasado a salvar el día, pero Leatherface tiene la capacidad de sobrevivir una y otra vez. 

Las actuaciones de Sarah Yarkin y Elsie Fisher son caricaturizadas y ridículas, reaccionando antes de actuar y haciendo risibles muchas de las situaciones, pero no es posible criticar sus interpretaciones cuando en un slasher como este es algo que se deja de lado de inmediato.

La fotografía y la puesta en cámara respeta los tonos y encuadres del género. La manera en la que se estilizan los asesinatos, aunado a la manera que la cámara sigue a los personajes resulta bastante entretenido, pero es lo mínimo que podemos pedirle a una cinta con este presupuesto.

Los efectos especiales convencen, mimetizándose con los escenarios y creando una atmósfera que respeta el tono que se plantea, pero es justo el tono de la cinta lo que parece que no se sostiene por si mismo, saltando del primero al tercer acto y tratando de generar una paradoja en la parte final de la cinta.

Parece que la única película de La Masacre en Texas que vale la pena en la original, y así es. Aunque esta nueva secuela no es necesariamente la peor parte, convirtiéndose en un producto entretenido, relativamente corto y visualmente ejecutado bien a secas. 

El cliché de decir que una cinta es tan mala que es buena esta sumamente gastado, sobre todo porque se les ha adjudicado a cintas que simplemente son malas y ya. En esta ocasión podríamos pensar que la película sí entra en esta categoría, pero solo si entras en la convención y dejas de lado los cráteres argumentales y de sentido que maneja la cinta.

Al final la nueva cinta de La Masacre de Texas no es ni por asomo una buena película, tampoco cumple de manera religiosa con los estándares de un slasher, pero es entretenida si te gustan este tipo de productos. Si no te llaman la atención, no conoces las cintas previas y la sangre te da asco, mejor pasa de largo y busca algo diferente que ver.

Calificación: 4.3