Aquí anduvo Alfonso Cepeda Salas y se fue a desayunar con Armando Plata, extitular de la Auditoría Superior del Estado.
Sabrá Dios de qué hablaron en un restaurante de Arteaga, muy alejados del bullicio y de la falsa sociedad, diría el gran compositor José Alfredo Jiménez.
A lo mejor, Alfonso Cepeda le vino a preguntar a Plata sobre los 195 millones que detectó como faltantes del servicio médico de la sección 38 del Sindicato de Maestros que dirige a nivel nacional, o del faltante millonario en los fondos de pensiones o de la vivienda. De seguro Armando Plata le dio santo y seña de los detalles.
Y es que Cepeda Salas ya no encuentra la salida, luego del escándalo que estalló con la Clínica de Especialidades Médicas que construyó aquí en Saltillo su hijo y su nuera.
Mismo modus operandi que utiliza en Nuevo León para ganar muchísimo dinero; millones y millones.
Quebradas las clínicas del Magisterio, las y los maestros con alguna enfermedad son canalizados a su clínica privada y, bingo, negocio redondo.
Y los dirigentes del Magisterio, aquí de los cinco padrones, Icela Licerio, de la Sección 38, y Arturo Díaz, de la 35, calladitos, se ven más bonitos.
Alfonso Cepeda, oriundo de Arteaga, salió igual o hasta peor que Elba Esther Gordillo en eso de los favores al presidente en turno, a cambio de jugosos negocios, solo que le falló con Enrique Peña Nieto y fue a parar a la cárcel.
Cepeda Salas está de rodillas ante el presidente López Obrador y ya sacó ventajas. Ya veremos cómo termina y dónde.






