El grave problema migratorio en Acuña y en Piedras Negras y la histórica decisión del gobierno estadounidense de darles entrada, refleja que hoy, más que nunca, los carteles de la droga mexicanos inundan ambos países.
Dejar a los haitianos, guatemaltecos, hondureños, entre otras nacionalidades, implica el riesgo de que, a la fuerza, los narcos que dominan la frontera con Estados Unidos, los recluten y el problema sea más grave de lo que ya lo es.
Esta decisión de darles entrada libre, como en su tiempo a los cubanos que llegaron a Miami, deja implícito el fracaso del gobierno del presidente López Obrador contra los carteles de la droga.
No sólo han aumentado su fuerza y presencia mientras se pelean territorios, sino que han surgido nuevas células que se extienden hacia estados como Zacatecas, Querétaro, Aguascalientes; el centro sur de nuestro país.
El mensaje del presidente López Obrador de dejar libre a uno de los hijos del Chapo Guzmán y luego saludar con familiaridad encantada a la madre del narco de narcos –preso en Estados Unidos– , fue un mensaje claro de impunidad.
Esa realidad ha sido valorada por el gobierno de Texas para tomar la decisión de dejarlos ingresar. De lo contrario, cada migrante puede convertirse en potencial narco.
Coahuila está en inminente riesgo en su frontera con Tamaulipas. En el último episodio violento, el ejército mató a nueve civiles armados –sicarios–, durante otro enfrentamiento cerca de Hidalgo.
Hoy el narcotráfico ya tiene al gobierno federal acorralado, y solo el ejército en conjunto con las acciones de los gobiernos estatales y hasta municipales podrán contener las amenazas.
En Texas, Estados Unidos tomó la decisión más inteligente –por poco tiempo–, hasta que dé el manotazo al gobierno federal para que cumpla con su responsabilidad.






