El compositor argentino Armando Tejada Gomez creó una letra y música que identifican la más grande deuda social de cualquier sistema económico en el mundo: sea capitalista, socialista, columnista o cómo le quiera llamar, que arroja como saldo, la pobreza concentrada en la población infantil.
Hay países de primer mundo como Inglaterra, Suecia, Alemania, Japón y algunos otros que sí la han reducido, pero que sus márgenes económicos también arrojan pobreza, no radical, pero al fin limitantes que afectan a la niñez.
Pero en el resto del mundo –más en America y el continente africano–, la pobreza económica y social se refleja en los niños de la calle. Esos, cuyos semblantes de debilidad y de cansancio, donde se escapa la sonrisa natural de esas edades, deberían no dejar dormir a los políticos corruptos.
Pero que no bastará con el insomnio de la consciencia intranquila, sino que diseñarán políticas encaminadas a reducir los embarazos no deseados y atender a esas niñas y niños que no tienen oportunidades dignas de estudio y de progreso, mucho menos de una alimentación que garantice su crecimiento sano.
Dice la pieza musical, himno a la indiferencia y a la ingratitud:
«Voy caminando por la zanja
Haciendo malabares con cinco naranjas
Pidiendo plata a todos los que pueda
En una bicicleta de una sola rueda
Soy oxígeno para este continente
Soy lo que descuidó el presidente
No te asustes si tengo mal aliento
O si me ves sin camisa con las tetillas al viento».
Interpretada por la cantante argentina, Mercedes Sosa, acompañada por la voz de René Pérez –Calle Trece–, con el ritmo retador y lento de un –que esto y que lo otro– así identificamos al rap latino mi mujer y yo, la canción y la compañía tiene una letra que llaman a la consciencia de los sistemas políticos y de las sociedades del mundo que le dan la espalda a la realidad. Cada vez que vemos a un niño en la calle y nos volteamos para evadir la responsabilidad humana.
Podrías escuchar versiones de que se drogan con el dinero que les das o que venden lo que les regalas, para drogarse, pero son versiones que no nos van, lo nuestro sería simplemente ayudarlos.
Por su parte los gobiernos deben ayudar con políticas sustentables basadas en la buena alimentación, el estudio y la salida hacia escenarios viables de integración en sus familias disfuncionales.
Nosotros primero con la mirada de comprensión a sus vidas tan complejas y tristes y, después, con lo que sus almas les dicten, pero que sea ayuda, la ayuda que la vida les ha negado.
Y dice la letra de la canción:
«Pobre del que ha olvidado que hay un niño en la calle
Qué hay millones de niños que viven en la calle
Y multitud de niños que crecen en la calle
Yo los veo apretando su corazón pequeño».
No verlos y no ayudarlos es no tener corazón.






