Para bien o para mal, Netflix tiene acostumbrado al público a recibir estrenos de series y películas que marcan tendencia. Black Mirror, House of Cards o Stranger Things han sabido adentrarse al gusto de los espectadores y poner la vara alta al momento de esperar un nuevo estreno. Aunque también existe el otro lado de la moneda, series como Élite, o La Casa de Las Flores terminan siendo novelas disfrazadas de producciones de calidad, pero que son aceptadas y el público clama por tener una temporada nueva cada cierto tiempo. Esta ambivalencia nos coloca en un punto de incertidumbre; hay series y cintas para todo gusto, pero aún existen producciones que captan la atención de mayorías significativas, así es como llegamos a El Juego del Calamar.
Tren a Busan o Parásitos son dos ejemplos perfectos de lo que las producciones coreanas nos ofrecen: productos con estándares de calidad y tratamiento a temas comunes desde otra óptica. No es un secreto para nadie que Corea es una máquina para hacer series, música y cintas que agradan a las masas. La manera oriental de adentrarse en los ámbitos y los temas humanos resultan frescos para un público occidental.
Hwang Dong-hyuk, director de El juego del calamar, nos presenta una historia de supervivencia y humanidad con tintes de drama y acción que muestran como los coreanos pueden tomar las historias y retorcerlas a su antojo para presentar una aproximación única. Durante nueve capítulos seguimos a Seong Gi-hun y su travesía para ganar un premio millonario después de participar en una serie de juegos donde arriesga su vida.
No hablemos con spoilers, la primicia es esa, que, si bien resulta bastante sencilla, está muy bien decorada capítulo a capítulo, alimentando al espectador con incertidumbre y nerviosismo al ver a los participantes del juego. Si bien el guion no es sumamente sorprendente, se disfraza bien. Los eventos resultan bastante predecibles y la manera en que los personajes reaccionan tampoco es algo sorprendente, el mérito real se encuentra en el contexto; todo lo que acompaña la base de la historia cuenta con giros dramáticos que, si logras enternecer con los personajes, verás los nueve episodios en un solo día.
Las referencias abundan , y lejos de ser un punto débil, resultan un acierto, ya que, como mencionamos con los coreanos, logran dotar de un nuevo aire lo que tocan. La primera referencia cinematográfica que salta a la vista es Battle Royal, donde un grupo de jóvenes son mandados a una isla para tratar de escapar con vida. Rat Race, la comedia estelarizada por Cuba Gooding Jr y Mr Bean es la siguiente referencia; un grupo de millonarios pone a competir a vacacionistas de Las Vegas para ganar un motín millonario. El manga, que también fue serie, Alice in Borderland también forma parte de referencias las, donde un grupo de personas intenta sobrevivir a juegos peligrosos mientras buscan su pase de salida.
Si comenzamos a pensar en reversa las referencias son más, Kaiji, el manga japonés escrito por Nobuyuki Fukumoto nos presenta una historia similar a El Juego del Calamar, donde Kaiji debe sobrevivir a una serie de juegos para pagar sus apuestas. Si nos vamos a lo más elemental El Séptimo Sello de Ingmar Bergman muestra una primicia donde nuestro protagonista trata de ganar un juego de ajedrez frente a la muerte para salvar su destino. Así podríamos pasar horas mencionando referencias, el logro está en que la producción de El Juego del Calamar supo empaquetar de una manera sumamente vendible la producción.
A pesar de ser solo nueve capítulos, los elementos y la manera en la que la historia está contada se siente completa. Quizás para el capítulo dos exista un pequeño bache que cuesta trabajo pasar, pero una vez superado, la serie va en aumento. El final puede sentirse un poco forzado, como otras tantas situaciones desarrolladas, pero en el momento en el que se entra en la convención de la serie (cosa que no resulta del todo difícil) comenzamos a otorgar permisos que nos dejen engancharnos con los intentos de vuelta de tuerca.
La serie no es del todo lógica, si bien es buena, propone algunas premisas que deben ser aceptadas si o si, y en ocasiones desarrolla algunos eventos y puntos de inflexión son usados solo para que la historia no se estanque y avance, lo que no necesariamente es algo malo, ya que se ve el esfuerzo de contar la historia en un tiempo más corto. Tal vez quitando algo de paja la serie podría limitarse más a seis o cinco capítulos, pero los elementos de drama resultan necesarios para dimensionar a los personajes.
El crecimiento y el arco que comprende a los personajes es bueno, el viaje del héroe que emprenden desde que aparecen en la pantalla es entendible y sus motivaciones son muy humanas.
El elemento más importante de la serie se muestra en la manera de abordar la condición de supervivencia ante una situación adversa en la que el mismo individuo decidió meterse, lo que hace más humanos a los personajes. No se trata de súper humanos con habilidades, son el vecino de al lado, el compañero de trabajo o el amigo de la infancia, tratando de salir y mejorar su vida, algo que todos hemos sentido alguna vez.
El tratamiento se nota bastante trabajado, y no es para menos, Hwang Dong-hyuk tardó diez años en poder terminar el guion y lograr que alguna productora otorgara el presupuesto para producirla y difundirla. Si bien es algo explícito lo que se muestra, la estilización de la sangre y la violencia no es algo que aleje a los espectadores, aunque en cierto momento, sobre todo si no estás acostumbrado a un tipo de cine más crudo, puede ser una barrera difícil de cruzar.
La fotografía es un elemento primordial de la serie, los encuadres y la manera en la que colocan al espectador dentro del peligro resulta favorable y con un grado de tensión latente. Las escenografías son coloridas y contrastantes, con una clara referencia al cubismo. La banda sonora que acompaña a las escenas nos remonta a la infancia con sonidos minimalistas y reconocibles como canciones de cuna. Tal vez en algunas partes los efectos especiales se sienten no tan pulidos, pero al final son redondos, ya que la estética que presentan es completamente absorbente.
Nada es casualidad dentro de esta serie, desde los vestuarios hasta las elecciones de colores y formas son pensados de manera minuciosa para que el espectador las reconozca de inmediato. Los trajes, los triángulos, los colores y absolutamente todo son la fórmula ganadora que hemos visto en producciones como La Casa de Papel, que, si bien la historia puede ser sencilla, al momento de envolver todo con un disfraz replicable y reconocible, el público termina enganchado.
Al final El Juego del Calamar es una serie que trata de escapar de los convencionalismos, pero no es la joya que las redes sociales han estado vendiendo durante días, el punto es que sobre sale del promedio y eso encanta. Mientras Netflix México ofrece un remake de Rebelde, desde Corea se atreven a realizar una propuesta que engancha con la mayoría de los espectadores por los elementos que ya hemos visto en otras producciones, pero vestidos de una manera distinta.
Para mí, ver series es una inversión de tiempo, y El Juego del Calamar vale la pena invertir en ella, no es lo mejor que verás en una serie, pero si te acompañará a salirte un poco del molde y a preguntarte qué harías en el lugar de los jugadores, pero en lo personal, no perdí la cabeza ni la recomendaría a cada persona que me encuentre.
Calificación: 7.5






