Qué sorpresa más agradable es ver a mexicanos triunfando en un deporte. Pero qué ejemplo de fortaleza y tenacidad es presenciarlo en los paralímpicos.

Hasta este lunes, el conteo de medallas ubicaba a nuestro país en el lugar número 21 con 9 medallas; aún sigue la cuenta porque concluyen el 5 de septiembre. Incluso se daba la orgullosa noticia de que México llegó a las 100 medallas en la historia de los paralímpicos. 

La pregunta del millón ¿Por qué ellos sí y los que van a los Olímpicos no?

Dejemos fuera el «apoyo» de la Federación, los escándalos dentro de la organización, los recortes federales.

Independientemente si es en el deporte o en cualquier ámbito, las personas con discapacidad en nuestro país luchan, compiten, sudan, se esfuerzan, no por ganar una medalla, sino por sobrevivir en un país que se ha olvidado de ellos.

Podemos empezar por las escasas rampas, por los lugares para estacionar que no se respetan, por las políticas públicas que de inclusión tienen poco y por supuesto: una sociedad que mientras no viva la discapacidad, no actúa con empatía hacia ella.

Hace años en una conferencia de un hombre con discapacidad (que de capaz tiene todo), escuché «el 16. 5 por ciento de la población en nuestro país tiene una discapacidad, evidentemente la inclusión le toca al 83. 5 por ciento restante». Restante que deberíamos asegurarnos de respetar los espacios destinados para ellos, luchar por políticas públicas realmente incluyentes, aprender a comunicarnos bajo sus reglas, exigir que se garantice su derecho a una vida digna. 

Para quienes hoy ganan una medalla, el entrenamiento no inició hace 5, 10 o 12 años. Inició en el momento en que nacieron en este país y han tenido que enfrentarse a una infraestructura, sistema educativo, sistema de salud, sistema de fomento al deporte… Que no están listos para ellos. Las primeras pruebas fueron cumplir como todos, sin tener todas las herramientas.

Usar el transporte público en silla de ruedas o muletas; transitar las calles sin banqueta, sorteando a los automovilistas que no se ponen en su lugar. Así como caminar tres cuadras al bajar de su auto, por otros automovilistas que sí se ponen en su lugar, literalmente. Luchar por acceder a la información de programas sociales, de propuestas de candidatos políticos, de compromisos de funcionarios, sin poder escuchar.  

Han nutrido su fuerza interior y su hambre de triunfo en medio de una sociedad que ni siquiera sabe cómo llamarles sin usar palabras despectivas, hirientes… Y que tampoco le interesa informarse sobre cómo hacerlo. 

La neta, son unos fregones, su perseverancia y su fortaleza es admirable. No le deben nada a México, al contrario, México les debe mucho, porque deberían prepararse para competencias que ustedes quieran ganar, no competir toda su vida para sobrevivir en este país, aunque nos queda claro que en esa competencia ustedes ganan todos los días.