El Tren Interoceánico podría convertirse en el monumento perfecto a los gobiernos de Morena: fue presentado con entusiasmo, inaugurado entre discursos triunfalistas y vendido como prueba de que México avanzaba hacia un futuro glorioso. Sin embargo, desde que comenzó a operar acumula choques, fallas y descarrilamientos. Es decir, exactamente lo mismo que el país: la propaganda asegura que “todo marcha sobre rieles” mientras la realidad vuelve a salirse de la vía.
El accidente más doloroso ocurrió el 28 de diciembre de 2025, cuando un tren de pasajeros descarriló en Oaxaca. El saldo final fue de 14 personas fallecidas y más de un centenar de heridas. Las investigaciones identificaron exceso de velocidad y licencias ferroviarias vencidas, mientras también surgieron señalamientos sobre desgaste en las unidades y deficiencias en las vías. Como ocurre habitualmente en la transformación, las responsabilidades terminaron concentrándose en los trabajadores, porque admitir fallas de planeación, supervisión o mantenimiento dañaría la fotografía oficial.
Siete meses después, en la misma región, volvió a descarrilar un tren del proyecto. Esta vez era de carga y, afortunadamente, no hubo lesionados. La Secretaría de Marina retiró los vagones y anunció una revisión técnica. El servicio de pasajeros, entretanto, seguía suspendido tras la tragedia anterior. Pero no se preocupen: el oficialismo seguramente encontrará la manera de presentar el segundo descarrilamiento como una prueba de continuidad ferroviaria.
La analogía con el gobierno federal resulta inevitable. En economía también nos dijeron que íbamos a toda velocidad, hasta que el Producto Interno Bruto disminuyó 0.6% durante el primer trimestre de 2026. Las actividades primarias y secundarias retrocedieron. El tren del crecimiento no solamente perdió velocidad: comenzó a circular en reversa, aunque desde Palacio insistan en que el paisaje demuestra lo contrario.
En materia de empleo, las autoridades presumen cifras históricas, pero buena parte del repunte reciente se explica por cambios en la incorporación de trabajadores de plataformas digitales. El gobierno celebra cada nueva afiliación como si se hubiera creado una fábrica, cuando formalizar administrativamente una ocupación ya existente no equivale necesariamente a generar un empleo nuevo. El vagón de la propaganda siempre viaja mucho más lleno que el de las oportunidades.
En salud, el gobierno federal asegura que el abasto está prácticamente resuelto, mientras pacientes, médicos y organizaciones siguen denunciando tratamientos incompletos, cirugías postergadas y medicamentos que no llegan. Existe incluso una plataforma oficial para dar seguimiento a las órdenes de suministro, quizá porque la transformación descubrió que, cuando las medicinas no aparecen, al menos puede ofrecerse una página de internet para contemplar su recorrido imaginario.
En educación ocurre algo semejante: abundan programas, estrategias, objetivos y cientos de líneas de acción, pero faltan resultados capaces de reparar rezagos, abandono escolar y desigualdades. El Programa Sectorial de Educación contempla seis objetivos, 33 estrategias y 280 líneas de acción. Una locomotora burocrática impresionante; ahora solamente falta comprobar que transporte a algún estudiante hacia un mejor aprendizaje.
Y mientras la economía pierde dinamismo, la salud continúa parchada y la educación se llena de documentos, las finanzas públicas cargan el peso de megaproyectos, empresas estatales deficitarias y una deuda creciente. El problema no es únicamente que el tren se descarrile. Es que el gobierno insiste en subir más pasajeros, aumentar la velocidad y silenciar a quien se atreva a señalar que la vía está dañada.
Morena presume conducción histórica, pero sus resultados muestran improvisación, negligencia y propaganda. El Tren Interoceánico prometía conectar dos océanos; hoy conecta perfectamente dos características del oficialismo: la soberbia para inaugurar y la incapacidad para corregir. La pregunta es cuánto más tendrá que descarrilarse el país antes de que acepten que nunca supieron conducirlo.






