«A menos que me corran», respondió Román Alberto Cepeda a la pregunta de si dejaría al Revolucionario Institucional para irse a Morena; antes, expresó que su objetivo es Torreón y que tiene más de 30 años de priista.

Es evidente que Román no está contento con la evidente designación de Manolo Jiménez Salinas como candidato a la gubernatura de Coahuila, le hace travesuras como boicotear sus eventos y le resta el reconocimiento al resultado del secretario como alcalde de Saltillo.

El alcalde aún no termina su gestión y Manolo ya hizo la tarea, tan aprobatoria fue que lo catapultó como el seguro candidato a gobernador. Mientras el de Torreón mantiene una Administración con un equipo deficiente y tortuoso, por otro lado Manolo tuvo y mantiene uno eficiente, ágil en lo político y de resultados.

No por nada Manolo cuenta con la confianza del gobernador Miguel Riquelme, Román cada vez le genera más desconfianza al gobernador. Frente al escenario de la viabilidad el lagunero cada vez queda mal parado, mientras el saltillense apunta a la suma y no la resta de la estructura y los grupos políticos .

La respuesta de Cepeda González se puede ejemplificar en un símil infantil: el niño que hace travesuras para hacerse la víctima y lograr que lo corran de su salón de clases, luego inscribirse en otro salón de clases en el que ahora sí no tiene compañeritos y nadie lo conoce.

En política las travesuras se pagan y en la mayoría de las ocasiones se pagan caro.