En la dirigencia estatal del PRI se vive una lucha de apuestas detrás de intereses. Rito se queda para acompañar a Manolo o entra por fin Lalo Olmos para enfrentar la elección más competida que ha vivido la historia política de Coahuila. Rigo tiene como activos las últimas dos elecciones ganadas; pero su pasivo es la cercanía con Rubén Moreira. Además, el pasivo real en resultados y operación política es Miguel Riquelme y eso lo saben Rigo y Rubén. Sin embargo, Rigo ha dado buenos resultados; pero el reto que viene es mayor por la competencia de Morena, el partido del presidente López Obrador.
Junto a esa realidad se encuentra el resquebrajamiento de Alejandro Moreno, Rubén Moreira y Carolina Viggiano, vapuleada en Hidalgo. Entonces, los bonos de Rigo se convierten en riesgo. Es ahí donde aparece Lalo Olmos, político que sí cuida los intereses de Riquelme y que conduciría a Manolo en el proceso de la campaña a gobernador y a los aspirantes a diputados a partir del 4 de abril y hasta el 31 de mayo; la elección es el domingo 4 de junio, la batalla de todas las batallas. ¿Rigo o Lalo? Todo apunta a que llega Lalo y a qué habrá una sana distancia entre Riquelme y Rubén.
Lo sano dependerá de las intenciones de Rubén y de su gente, que deben entender que su presente y su futuro dependen del triunfo de Manolo, la única carta fuerte que tiene el PRI para mantenerse gobernando en Coahuila. Morena apunta los misiles desde Palacio Nacional hacia dos Moreiras, Rubén y Carlos y las posibles variables de quien resulte ser su candidato, todo apunta a que no moverán sus objetivos con tal de arrebatarle Coahuila al PRI.
Por su parte el priismo camina hacia la unidad, al unir piezas como Jericó y trabajar en grupos sociales apolíticos, consolida su alianza con el PAN y el PRD, para presentar su mejor versión; mantener Coahuila y buscar desde aquí el relanzamiento de un priismo hoy casi en extinción.






