Imagínense un país que tuviera un aeropuerto de primer mundo que contara con la más alta calificación de seguridad aérea y tuviera instalaciones de primer nivel, además de vuelos a todo el mundo.

Imagínese usted un país que contara con una refinería que incrementara la oferta de gasolina y diesel para reducir su importación, generando una derrama importante para el país.

Imagínese un tren turístico que recorra todo el sureste de un país para detonar la economía de los estados por donde pase y que en su construcción no dañara zonas naturales importantes.

Imaginase un país que contara con una estrategia de seguridad que bajara los índices delictivos basada en los abrazos y no balazos.

Imagínese usted un país que tuviera un sistema de salud de primer mundo, en donde todas las personas tuvieran acceso independientemente de su clase social.

Imagínese un país que cuente con una gran farmacia en donde se tengan todos los medicamentos existentes en el mundo, a los cuales todos tengan acceso, acabando con el desabasto histórico.

Imagínense un país en donde todos tengamos los mismos datos.

¿Se lo imaginó?

Pues ese pudo ser México, pero desafortunadamente solo quedó en una bella utopía.

Y es que prometer es lo más fácil, endulzar los oídos del pueblo es más sencillo aún, pero el problema viene cuando esas promesas no se cumplen y la cosa sigue igual o peor, cuando nos damos cuenta que solo nos dicen lo que queremos escuchar, porque eso es más sencillo que aceptar la triste realidad de este país.