Para muchos, y cada vez son más, el senador Ricardo Anaya sería el candidato ciudadano capaz de derrotar a Morena en la Presidencia de la República.
Ya fue candidato por el PAN y sacó 13 millones de votos.
En esa ocasión, Andrés Manuel sacó 21 y le ganó. Meade, del PRI, obtuvo nueve millones de votos.
López Obrador se percató de que Anaya era su real oposición y le inventó el delito de corrupción, al acusarlo, sin pruebas, de repartir dinero en la Cámara de Diputados, para aprobar la compra de Agronitrogenados hacia Pemex.
Ricardo Anaya se vio obligado a huir del país y se convirtió en perseguido político.
Se fue AMLO y ya regresó, primero para denunciar a los políticos narcos que le heredó López Obrador a la presidenta Claudia Sheinbaum.
Ahora, Anaya expuso que nos quejamos de los aranceles que usa Trump para presionarnos y no atendemos los cobros de piso que impone la delincuencia a los productores y a los comerciantes ¿Dónde?
En los estados donde gobiernan los gobernadores de López Obrador, inmersos en la inseguridad y el miedo de los ciudadanos.
Sinaloa, Tabasco (lugar de origen de AMLO), Guerrero, Michoacán, Zacatecas, entre otros. Morena tiene 24 estados y la oposición solo ocho.
Ahora, Ricardo Anaya se ha convertido en aliado de la presidenta Sheinbaum, al denunciar al pasado morenista que ahora la presiona todo el tiempo.
La lucha por el poder entre la presidenta Claudia Sheinbaum y López Obrador es cada vez más visible.
También refleja que la presidenta inició un cambio de rumbo y se deslinda del morenismo radical de López Obrador, con la separación entre su ejercicio en el Gobierno y el camino político de Morena.
En ese escenario resurge la figura de Ricardo Anaya, con cada vez más posibilidades de enarbolar las protestas contra la corrupción, la inseguridad y los narcopolíticos morenistas auspiciados por Andrés Manuel López Obrador, quien, todavía, pretende imponer, desde ahora, como sucesor de la presidenta Sheinbaum a su hijo Andy; el peor descaro del nepotismo.






