Es el peor dirigente nacional que ha tenido el PRI.

Ha perdido 14 estados y de seis y medio millones de militantes que había al iniciar su descarada gestión, hoy solo quedan un millón y cada vez serán menos, la deserción depara la muerte del PRI de “Alito” Moreno y su camarilla de ladrones.

Su ambición es tan desbordada y antidemócrata que hoy en la madrugada convocó a una asamblea extraordinaria para, vía Zoom, consumar su reelección por ocho años.

Al mismo tiempo, se colocó en el primer lugar de la lista y asumirá, o se posesionará, de un lugar en el Senado, por la vía más fácil: la plurinominal.

Alejandro Moreno secuestró al PRI y su ambición alocada y, fuera de toda lógica, propiciará una desbandada cada vez mayor de priistas.

¿Hacia dónde? Aún no se sabe, pero hacia cualquier lugar, menos cerca del perpetuo Moreno, el exgobernador de Campeche acusado de corrupción, el dueño de mansiones y de colección de autos deportivos de lujo.

Al secuestrar al PRI nacional demuestra que lo que menos le importa es la militancia y los verdaderos dirigentes.

Si lo demostrara, no se impondría con argucias y asumiría ejemplos como el PRI Coahuila, que en la última elección local ganó 30 de los 38 municipios bajo el liderazgo de Manolo Jiménez, priista de resultados, con un Gobierno ciudadano que goza del respaldo de los coahuilenses.

Por el contrario, “Alito” “don perpetuo” Moreno maniobra como el sepulturero de su PRI, del que se siente dueño, a pesar de sus pésimos resultados y de la opinión de mujeres y hombres que no lo reconocen como auténtico dirigente, más bien lo ven como un autoritario y marrullero personaje.

Aplausos a “Alito” si su objetivo es enterrar al PRI nacional.

Aplausos, porque pasará a la historia como el más nefasto dirigente del PRI nacional, si se le puede llamar dirigente a alguien que pisotea la democracia interna de un partido político agraviado por sus conductas, totalmente contrarias a los priistas orgullosos de su partido político que, en lugar de imponer, trabajan para ganarse el apoyo mayoritario con gobiernos apegados a lo que mandan los ciudadanos y con compromisos cumplidos, como el de Coahuila.