Manolo es el gobernador electo de nuestro estado.
Sus resultados en la función pública, sus políticas públicas novedosas y sus proyectos de trabajo, apegados a la planeación y el orden le ganaron al discurso violento de sus adversarios políticos.
El trabajo político fino de Miguel Riquelme, al confirmar una alianza confiable, moldeó su triunfo por más de 20 puntos sobre el ingeniero Armando Guadiana.
Sin duda la votación de los coahuilenses determinó lo que El Mirón dijo y sostuvo: los electores privilegian los resultados que los compromisos basados en la crítica y el desorden.
La izquierda dividida quedó en el lugar que se merece, donde Manolo Jiménez les propinó un golpe electoral que ya se avizoraba.
La jornada electoral se convirtió en un día de campo, contrario a lo que sucedió en el Estado de México, donde la alianza PRI, PAN y PRD naufragó ante Morena.
Pero allá no había una figura de arrastre como Manolo Jiménez quien hizo ganar a las y los candidatos a diputados locales.
Hoy Coahuila queda en manos de un gobernador electo serio y de resultados. Se avizoran seis años más de crecimiento para Coahuila con un gobernador de cambio generacional en la política y de resultados, no de poses ni de discursos que a nada conducen.






