Desde antes de ser alcalde de Torreón, el hoy gobernador Miguel Riquelme dimensionó la gravedad del consumo del agua en la Laguna de Coahuila y de Durango. Y es que la mayor demanda del vital líquido, por el aumento poblacional, ha obligado a perforar los pozos a mayor profundidad y, en consecuencia, la contaminación con arsénico. Se trata de un elemento químico altamente tóxico, asociado a diversos tipos de cáncer cuando se aumenta su concentración en la sangre.

Como alcalde, Riquelme decidió la compra de equipo para el tratamiento del agua y la liberación del arsénico; como gobernador de Coahuila, ha fortalecido no sólo el tratamiento del agua, sino la búsqueda de nuevos pozos y la rehabilitación de los ya existentes.

El programa Agua Saludable que ahora presentó el presidente Andrés Manuel López Obrador, tiene ya un camino recorrido en Coahuila, y su fortalecimiento fue propuesto al Gobierno Federal como una prioridad social urgente que no merece recorte de recursos como lo han sufrido otros programas muy importantes en materia de seguridad pública, carreteras, protección civil, empleos en el medio rural, entre otros.

De ahí que ante el presidente López Obrador y su homólogo de Durango, José Rosas Aispuru, Riquelme reiteró el respaldo al programa Agua Saludable . 

Por la salud de los laguneros, antes que otra actividad que suele cansarnos. La politiquería de hacer anuncios y no aterrizarlos que caracteriza al gobierno de la llamada “cuarta transformación” que, más bien, no salió de cuarta y en reversa.

Riquelme es un gobernante con consciencia social, madurez política y la prudencia de su oficio, en esas cualidades descansa la certeza de que, por su parte, el programa Agua Saludable, no se quedará en proyecto.