Qué pesada la carga que le dejó Andrés Manuel López Obrador a la presidenta Claudia Sheinbaum.
Un país encendido por la inseguridad en estados gobernados por Morena.
Sinaloa, Michoacán, Guerrero, Tabasco, Tamaulipas y Chiapas.
Revise la encuesta del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), los ciudadanos de esas entidades reprueban a sus gobernadores.
La inseguridad llega al extremo de que las propias autoridades recomiendan no viajar de noche por las carreteras, ante el alto riesgo de robos y de secuestros.
Ese grave problema ha sido y será utilizado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para presionar con los aranceles en la industria automotriz a la presidenta Sheinbaum.
Mediante una política eficiente de negociación ha podido sortear, de momento, la dureza en los señalamientos de Trump: “los grupos delincuenciales que gobiernan México”, acusó.
Ahora dio otro mes de plazo para aplicar o no los aranceles, pero la presión de López Obrador ocasiona que no se dé el paso más importante: la entrega de los gobernadores y funcionarios morenistas coludidos con el narcotráfico.
La situación es tensa, afecta el intercambio comercial entre los dos países y obedece a la herencia de corrupción que le dejó López Obrador a nuestra presidenta.
Ahora, la manifestación de este domingo cambió de temática. De ser una manifestación, se convirtió en un festival que en nada cambiará las posturas radicales de Donald Trump.
El camino más fácil sería que nuestra presidenta fuera a ver a Trump y negociar lo comercial y, al mismo tiempo, la entrega de los narcopolíticos, o mejor dicho, a los políticos narcos.






