Una loba dejó lo último de su vida para amamantar a sus cuatro cachorros y luego murió de cáncer.

Vi la información de mi compañera reportera Denise Samaniego y me conmovió la forma en que los animales nos muestran el sentido de la vida, que no debe ser otra que el humanismo.

Sucedió en el Museo del Desierto. Descubrieron que una de las hembras tenía un cáncer muy agresivo y estaba gestando cuatro crias.

Los veterinarios estimaron que moriría antes de tener a sus crías, en razón del cáncer tan agresivo y avanzado que tenía.

Sin embargo, no consideraron el sentido de la responsabilidad de la madre. Alargó su vida, soportó el dolor, tuvo a sus cuatro crías, todavía tuvo la certeza de que estuvieran bien y después… murió.

Vaya entereza de una loba, siempre antepuso su naturaleza de madre protectora de sus crías y la propagación de su especie, por la cual dio su vida.

Esa situación, enseguida, me trajo comparaciones que nunca entiendo.

Noticias que usted conoce y que demeritan la condición de los seres humanos, hombres y mujeres por igual.

Hombres que se desentienden de sus hijos, que los abandonan, igual que mujeres que traicionan su naturaleza de maternidad y se desobligan de sus hijas, de sus hijos.

Sea cual sea la condición, no hay pretexto para abandonar a los hijos y dejarlos sin la mínima razón de la responsabilidad.

Mejor una loba nos pone el ejemplo, mejor su vida y su instinto materno, nos muestra que la supuesta inteligencia, el pensamiento y la razón, ausentes en muchas ocasiones, no son garantía de la sabiduría que si llega a existir en la naturaleza de una hembra disque animal.