Me dijo: —El caos es un sistema y orden que no se comprende—. Tiempo ha, no escuchaba una connotación que hiciera explotar en millones de añicos el concepto memorizado desde mi época de estudiante. En mi mente reinó el desorden y la confusión, ¡qué ironía! Me volví un caos.
No le cuestioné, solo me entregué a su definición. Como educador durante años de trabajo y estudio, me he preguntado si ese concepto debiera ser considerado básico para facilitar el acto educativo. Una empresa mayúscula que conlleva en la mente de cada instructor la hazaña de comprender el sistema y el orden propios de cada estudiante para conducirlo de manera adecuada hacia su formación.
¡Difícil tarea! Y por difícil, ¿debemos abandonarla? ¿Habrá llegado el momento de cuestionar el programa educativo nacional? ¿Es un sistema creado para formar al individuo o a la masa? ¿Qué tipo de caos reinaba en las mentes de quienes idearon el sistema educativo mexicano desde sus inicios? ¿Deberá la palabra «caos» formar parte del génesis de una nueva visión educativa?
Nos vemos en la siguiente columna…
Gracias a RCG y a Don Roberto González por honrarme con la invitación para formar parte de este espacio.






