El año pasado, y como una ola que ha ido en ascenso, las biopics han tomado fuerza dentro del séptimo arte. No es nada nuevo en la vida de una celebridad en pantalla grande siempre ha tenido un encanto que fascina a los espectadores. En las últimas épocas hemos visto la historia de Freddie Mercury, Elton John, Eddy The Eagle o la dinastía Gucci de una manera distinta, tomando a los personajes como íconos o personalidades que, si bien no podemos comparar nuestras vidas con las de ellos, sí nos vemos reflejados en sus historias de éxito; o al menos nos da curiosidad como llegaron a la cúspide o como terminaron su vida de una manera trágica.

En el 2022 vimos Ray Richard, la cinta que contaba la vida del padre de las hermanas Williams; House of Gucci, que de la mano del cineasta Ridley Scott nos adentró en una historia de moda y traición. Si bien ambas películas son regulares, las dos cayeron en el cliché de caricaturizar y mostrar una interpretación que dejó un sabor de boca agridulce.

Así por fin llega Spencer a los cines en México, la nueva cinta del director chileno Pablo Larraín. En esta película, el cineasta cuenta una parte de la historia de la princesa Diana y su tomentosa relación con el príncipe Carlos. Afortunadamente no nos encontramos con una película sosa o sin fondo que solo cuenta una historia del punto A al B sin detenerse. 

A diferencia de las biopics que vimos durante el 2021, Spencer se toma todo el tiempo necesario para no ser una cinta biográfica americanizada, por decirlo de alguna forma. No es de extrañarse la sutileza con la que la premisa es tratada cuando conocemos la filmografía de Larraín. Cintas como Neruda o Jackie ya nos habían presentado a personajes famosos atormentados por problemas que tal vez no podríamos dimensionar del todo, pero el director encuentra la manera de presentarnos a los personajes para empatizar con sus sentimientos.

El argumento de Spencer es relativamente corto, todo se centra en los festejos navideños de la Familia Real durante 1991, cuando la princesa Diana, interpretada magistralmente por Kristen Stewart, debe pasar tres días tratando de huir de una vida que no le satisface, llena de engaños, reglas, ataduras y protocolos que no la dejan respirar. Poco a poco observamos la batalla interna y externa del personaje para romper sus ataduras y ser finalmente liberada.

Aunque suene relativamente sencillo, la cinta se encarga de dotar la mayoría de las escenas de una complejidad contemplativa que juega al mismo tiempo con una puesta en cámara sumamente elegante, aunado a un juego mental donde comprendemos que la psique de Diana está severamente comprometida por la manera en la que ha vivido su matrimonio, por la pérdida de su familia y por no encajar en donde se supone que debe hacerlo.

No es una biopic “común” por usar un término coloquial, la cinta se centra en repetidas ocasiones en las discusiones que nuestra protagonista plantea consigo misma o con su familia que perdió. La inestabilidad emocional y el grito de auxilio que Diana emite durante las dos horas de duración del largometraje nos coloca en un lugar empático a su lado, odiando de sobre manera a la realeza británica y su hipocresía por aparentar una vida perfecta.

Las actuaciones son un punto importante en Spencer, en todo momento crees que estás presenciando una escena digna de la corona inglesa. Debo confesar que al principio me costó bastante trabajo despegarme de la imagen preconcebida que tenía den Kristen Stewart, no creo que pueda culparme del todo; la saga de Crepúsculo la colocó como un cliché del que no sería nada sencillo despegarse (igual que Robert Pattinson) y aunado a eso mi recuerdo de ella como protagonista se remonta a la nada favorable Ángeles de Charlie. Afortunadamente Kristen está en Spencer para callar muchas bocas. Si bien al principio el tono extremadamente dramático resulta choqueante, poco a poco entendemos y justificamos la interpretación, que cierra fuerte, concisa y redonda. 

La fotografía a cago de Claire Mathon es elegante, limpia y bien ejecutada. La iluminación natural nos coloca en el punto frío y sin alma que la Familia Real parece tener, pero tiene la astucia exacta para desestabilizar la puesta en cámara cuando Diana trata de huir, acompañando cada dialogo con paneos y trazos del lente que sumergen al espectador en una experiencia fuera de este tiempo.

La musicalización tensa es aderezada con tintes de jazz muy sutiles que logran dramatizar mucho más los momentos en los que nuestra protagonista está a punto de estallar. La película logra un conjunto de buenas decisiones llevadas por el director, tomando como parte de partida la tragedia de una vida sin llegar a un fatídico desenlace que todos conocemos.

Llegados a este punto podemos preguntarnos ¿Qué es lo que hace distinta esta cinta? ¿No existen ya una larga lista de películas biográficas que también muestran hechos dramáticos (como Rocketman)? La respuesta tal vez sea sencilla. Existen un montón de películas que mantienen el mismo tenor que Spencer, la gran virtud es que esta película consigue una aglomeración de aciertos que aportan al drama de manera significativa; simplemente parece todo metódicamente medido para funcionar sin sentirse plástico.

Aunado a ello, la cinta critica las relaciones humanas de manera frontal. Señala que las obligaciones sociales que anteponemos a nuestros deseos no necesariamente aportan algo a nuestra vida y nos aleja de aquello que en realidad somos. Es increíble que una situación dada hace más de treinta años siga resonando igual, lo que nos coloca en el espejo del tiempo y nos demuestra que gracias a que lo hemos señalado, hoy existe una forma distinta de ver las relaciones humanas.

Spencer no es perfecta, a la mitad del segundo acto cae en un bache que parece puesto apropósito para entender la frustración de Diana, solo que no lo explica del todo y exige un poco más del espectador para preguntarse si lo que está viendo es real o una obra de la imaginación de la princesa.

La cinta tuvo un recibimiento aceptable en la gira de Festivales durante el año pasado, tan solo en Venecia recibió una ola de aplausos tras su estreno. Si le va a alcanzar o no para ganar el Oscar, está por verse. En mi opinión tanto la cinematografía como la actuación de Kristen merecen la estatuilla por sobre todo lo visto en el 2021, compitiendo muy de cerca con Dune.

Si lo tuyo no son las biopics y no te interesa la historia de la princesa Diana, tal vez deberías darle una oportunidad y verla desde otra perspectiva. Si este tipo de cintas te gusta, no puedes perdértela, es una manera diferente de adentrarse al género que ojalá marque un nuevo parteaguas.

Calificación: 9.2