Corrían algunos días de los efectos del levantamiento armado en Chiapas y Monseñor Villalobos tuvo ese encuentro inolvidable, de misericordia y de perdón, pero, antes de coscorrón.
Eran como las tres de la tarde y un reconocido periodista de la prensa escrita, cuyo nombre me guardo, como pecado, por temor a represalias, me interceptó casi al entrar a Palacio de Gobierno.
“Mire jefe Mena lo que me acaba de pasar”, me dijo, al ponerme en relieve pintoresco y echó a jalar la pequeña grabadora, porque no había celulares en ese tiempo de vida anterior a la modernidad descubierta.
Y se escuchó la pregunta del ansioso periodista: “¿Señor obispo qué factor hace falta para que haya unidad en el país, después del levantamiento armado de Chiapas?”
El obispo Francisco Villalobos no respondió rápido y luego dijo: “no ves que tu obispo está enfermo, no ves que tiene gripe. No te voy a contestar”.
El reportero insistió: “Señor, ¿pero cree que es necesaria la unidad?”, a lo que el obispo reiteró, ya en tono molesto: «no te digo que tengo gripe y no te voy a contestarrrrr”.
Periodista al fin y experimentado hizo otra pregunta para gancharlo, cual pez en el agua y picooo.
“¿Entonces, que siente de estar otro año más al frente de la Diócesis de Saltillo?”, respondió.
Y ahí si le gusto a Monseñor y se dejó caer con una larga respuesta sobre su satisfacción de ser tan querido entre sus feligreses.
Y vaya que era, es y será querido por siempre.
Luego, el reportero, más terco como manda el santo oficio, volvió a preguntar, porque sintió que el obispo ya había amarrado.
“¿Entonces, cree que debe haber unidad entre los mexicanos en estos momentos de violencia?”
Y monseñor se aventó la histórica respuesta contra la infidelidad, pecado mortal, ooohhhhh dios.
“Unidad, unidad deberías tener en tu familia, ya me enteré de que traes dos mujeres y tu esposa nada sabe”.
Al escuchar esa respuesta, mi amigo rápido apago su grabadora y salió rapidito de la Catedral de Santiago, santo recinto revelador de tantas infidelidades.
Otra más del obispo Francisco Villalobos Padilla, otra anécdota más del gran ser humano que llegó con Dios a los 101 años.
Por cierto, cubrí ese levantamiento armado en Chiapas y allá conocí al obispo emérito Raúl Vera, la otra cara de la moneda.
Él hubiera respondió rápido a la primera pregunta que le hizo mi amigo al obispo Villalobos, la segunda nunca le interesó.






