En el transcurso de esta semana, múltiples noticias relacionadas con la Inteligencia Artificial han vuelto a poner sobre la mesa una preocupación que, aunque no es nueva, cada vez se vuelve más latente: el futuro que nos espera. Cada nuevo avance, cada nueva capacidad de estas herramientas y cada predicción sobre lo que serán capaces de hacer nos obliga, querámoslo o no, a preguntarnos hasta dónde llegará esta transformación y qué lugar ocuparemos nosotros en ella.

Sin ánimo de sonar pesimista, ni de imaginarnos un futuro casi de película al estilo de “Mad Max”, creo que vale la pena detenernos a reflexionar y sobre todo, a discutir los distintos factores que están transformando la manera en que vivimos. La tecnología, los cambios sociales, el deterioro de ciertas capacidades y nuestra creciente dependencia de herramientas digitales forman parte de una lista cada vez más grande de elementos que, tarde o temprano, nos harán replantearnos la forma en como vivimos.

Y es precisamente ahí donde aparece la Inteligencia Artificial. No como el único factor de esta transformación, ni necesariamente como el origen de todos nuestros problemas, sino como un catalizador que puede acelerar procesos que ya estaban ocurriendo. Los recientes resultados de la prueba PISA, algunos análisis publicados por el MIT, las predicciones de Anthropic y el interés particular que tengo por esta materia me llevaron a preguntarme algo que considero necesario discutir: ¿estamos realmente preparados para el futuro que estamos construyendo?

Los malos resultados de la prueba PISA en México no son un fenómeno aislado de nuestro país, forman parte de una tendencia que se observa a nivel mundial. A este escenario se suman los efectos que dejó la pandemia, cuyas consecuencias en materia educativa apenas comenzamos a observar. Ahora aparece un nuevo factor que debemos considerar: el uso cada vez más generalizado de la Inteligencia Artificial como sustituto de actividades que anteriormente realizaba el estudiante por sí mismo, desde investigar y redactar hasta resolver problemas y desarrollar trabajos escolares.

Gran parte de las bases de nuestro futuro se construyen desde la educación, y estos resultados nos obligan a replantearnos el presente de nuestro sistema educativo. La Inteligencia Artificial seguirá avanzando y formará parte cada vez más de nuestra vida cotidiana. El reto está en aprender a trabajar con ella, conocer sus alcances y aprovechar sus capacidades sin permitir que termine sustituyendo aquello que necesitamos desarrollar: nuestra capacidad para pensar, analizar, crear y resolver por nosotros mismos.

Aprender a convivir en un entorno donde la Inteligencia Artificial estará cada vez más presente nos permitirá estar mejor preparados para ese futuro. El propio reporte de riesgos de Anthropic, publicado en agosto del 2026, refleja una cautela creciente, aunque los riesgos continúan clasificados como bajos, la organización reconoce mayor incertidumbre ante las nuevas capacidades de estos modelos y escenarios que hace apenas unos años parecían lejanos. No se trata de alarmarnos, sino de entender que el futuro que estamos construyendo requiere que nos preparemos desde ahora.

Tal vez el futuro distópico que imaginamos no sea una sociedad destruida, dominada por máquinas o sacada de una película de ciencia ficción. Quizá sea algo mucho más silencioso y cercano, una sociedad que poco a poco pierda la capacidad de pensar, cuestionar, crear y decidir por sí misma, mientras delega cada vez más de estas tareas en la tecnología. Y ahí es donde la pregunta del título deja de ser una exageración y se convierte en una reflexión necesaria.

P.D: Todas mis opiniones son a título personal y no representan postura alguna de mi cargo público.

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