Ante los priistas de todo el país —donde ya solo gobierna cuatro estados—, Rubén Moreira se desmarcó del neoliberalismo y perfiló a su partido político a la izquierda conservadora.

Un partido demócrata, feminista y aliado de las causas populares, ambientalista y todo lo que usted se imagine, arrepentido de su pasado.

Cuando era gobernador de Coahuila se alineó al gobierno neoliberal de Peña Nieto y ahora lo desecha.

No sé si para alinearse ahora con el presidente López Obrador y salvar su presente o futuro político, o para simular un cambio de fondo entre los priistas que el próximo año podrían entregar Oaxaca e Hidalgo. Morena tiene ganados cinco de los seis estados y solo Aguascalientes se podría quedar en el PAN.

El mensaje de Rubén es entreguista y en nada ayuda a su partido.

Tampoco la locura de Alejandro Moreno de pretender ser candidato a la Presidencia de la República.

La renovación priista no va por ahí.

 No se renueva el agua si está estancada. Se renueva cuando corre y pareciera que el PRI se revuelca entre la abnegación de verse perdido y sin rumbo ante Morena, y las patadas de ahogado con intentos de real oposición.

Y es que la dirigencia actual priista de ‘Alito’ y de Rubén, basta menearle al pasado, para que salga la suciedad emanada del neoliberalismo del cual ahora reniegan.