No sé si son milenios o qué, pero siento que, jóvenes y jovencitas de entre 18 y 25 años, nooo todooos, pero sí una enorme —susto— mayoría, andan a 20 cuadras del desfile y que, en pandemia, no hubo.
Desparpajados como si el presente y el futuro no existiera, asumen actitudes de vale madrismo, vale madrismo, que da miedo.
Ejemplo claro, fui al cine con mi esposa a ver la película de Gucci. A veces es bueno ver las marcas de lejos y no comprarlas. Es aspiracional.
Poca fila para comprar boletos, pero del otro lado, tres jóvenes con facha descuidada atendiendo a un compradora, una mujer que ya se veía desesperada, ante la risa juguetona de los chavos.
Ellos se divertían entre sí, mientras ella permanecía en silencio, ellos jugaban a los vendedores de boletos, mientras ella veía su reloj y luego volteaba a ver la hora de inicio de su película.
A los tres jóvenes no les parecía importar la atención al cliente y cuchicheaban sin resolver lo sencillo: el lugar seleccionado por su cliente.
Después de resolver el enorme problema de atender a una cliente rápido y con educación, me tocó el turno y los tres jóvenes seguían jugando. No sé quién los contrata en Cinépolis, pero lo que sí sé, es que la selección de personal es pésima.
Joven sea serio por favor y atienda lo que le pido, le dije y de inmediato se puso serio y agilizó el trámite de venta de dos boletos y asignación de lugares. Los otros dos jóvenes mejor se apartaron del lugar.
Quizás les paguen bien poquito, pero el servicio de atención es muuuuy malo.
Enseguida a mi mujer y a mi se nos antojaron unas palomitas y fuimos a hacer la otra fila; También, solo había una mujer adelante y también cinco jóvenes, de la misma facha, hacían cómo que atendían, pero reían y jugaban.
Uno le empezó a hacer señas a la señora de adelante como jugando a las adivinanzas, hasta que la mujer se acercó molesta por la falta de educación.
Al lado, el lugar estaba solo, pero los jóvenes jugaban y ni siquiera nos veían, hasta que les hice una seña y, sin decir adelante, decidimos pasar, a la brava.
Los dos jóvenes ni nos pelaban, hasta que uno volteó y nos preguntó; ¿Van a comprar?
Leyó usted bien, eso preguntó el chamaco greñudo.
Le respondí: ¡No, venimos a ver cómo están! ¿qué dicen, cómo va la tarde y, por su puesto, cómo está su señora madre?
Y nuestra pregunta: ¿Qué nos espera con estas generaciones que se levantan tarde, reaccionan tarde y todavía sienten que todo lo merecen y con celular incluido?






