“La pobreza laboral”, se define como el porcentaje de la población con un ingreso laboral inferior al valor de la canasta alimentaria, de acuerdo a datos del CONEVAL (Consejo Nacional de Evaluación del Desarrollo Social), aumentó 3.8 puntos a nivel nacional, al pasar de 35.6% a 39.4% entre el primer trimestre de 2020 y el primer trimestre 2021. Recientemente cifras del IMSS, reportaron que tan solo durante junio, se generaron 65,936 plazas formales. Por otra parte el gobierno estatal presumió que somos el tercer Estado a nivel nacional con mayor recuperación lo que es muy meritorio, 

Peeero…

Hablemos sobre qué tan bien pagados son los empleos que se han recuperado, porque, en el primer trimestre del 2021, el ingreso laboral real promedio de la población ocupada a nivel nacional fue de $4,456.58 al mes.

¡Y pues así, no tiene tanto mérito!

Si bien a todos nos da gusto la llegada de nuevas inversiones, la realidad nos demuestra que con un salario  de $4,456 pesos mensuales, ningún trabajador puede brindar a su familia, los gastos de educación, servicios de salud, vestido, alimento, casa, vacaciones y hasta las caguamas! ¿porqué no?.

Sí, porque aunque parezca chistoso el salario debería garantizar todo eso, como pasa en otros países.

El problema es que en nuestro país, aunque contemos con empleo, somos pobres laboralmente debido principalmente a que no se prioriza por parte de los inversionistas pagar bien por la mano de obra calificada de nuestros trabajadores, debido a que los líderes sindicales son todo menos eso, además a que las autoridades siguen permitiendo la subcontratación abusiva, súmale a lo anterior a que si tienes más de 50 años, ya nadie te da empleo y hasta sufres discriminación.

¡Y es que el sistema en nuestro país, ha demostrado su escasa capacidad para generar empleos formales con salario suficiente!

Ese que necesitamos para el crecimiento de la economía, y que a su vez cierre esa brecha de desigualdad económica.

Entendamos que no hay mejor política pública laboral que un empleo bien remunerado.

Y si queremos salir de ese círculo vicioso, necesitamos que con la llegada de nuevas empresas, además de la generación de empleos, aumente el salario mínimo, se requiere que se creen condiciones que favorezcan la elección democrática de líderes sindicales que defiendan los derechos de los trabajadores, la legitimación de los contratos colectivos, y decirle adiós al ‘outsorcing’.

¿Porqué, si no?

¡Qué chiste tiene, presumir la recuperación de empleos perdidos durante la pandemia, si son mal pagados, a eso yo le llamo chapuza!