Al leer que Aldo Fasci, Secretario de Seguridad en Nuevo León, atribuyó a una falla humana masiva el que sus policías, supuestos sabuesos, perdón a esa raza perruna, habían inspeccionado cuatro veces el lugar donde el quinto día fue encontrado el cuerpo sin vida de Debanhi, joven de 18 años de edad, me sentí confundido y hasta consulté el significado de esa respuesta.

Falla humana masiva, falla humana masiva.

Ni como pregunta, ni como afirmación lo entendí. Sin ser policía investigador, la lógica establece que la asesinaron y su cuerpo lo tiraron en la cisterna.

Pero esa lógica no les sirve a quienes se dedican a aclarar los homicidios, por eso nos tratan como una sociedad irracional, aunque saben que la consciencia social siempre tiene la verdad.

Coloqué la frase en el diccionario de tonteras que se han utilizado los gobiernos, para darle rienda suelta a la impunidad cuando se trata de disimular y proteger a los victimarios de cada acto profundamente doloroso, como matar a una joven de 18 años en Escobedo, Nuevo León, gobernado por un tal Samuel García, payaso de redes sociales y sin capacidad de gobernar.

Falla humana masiva queda archivada como aquella comisión de la verdad para saber quién asesino a Colosio, los espíritus hablarán, aquella frase que uso la Paka, médium que contrato el gobierno de Vicente Fox para encontrar el cuerpo de la niña que aún no encuentran y menos al asesino.

Frases que ya están en el museo de las tragedias que reflejan un sistema de gobierno corrupto que no imparte la justicia, no le da a cada quien lo que le corresponde.

Debanhi está muerta, hay signos de abuso sexual y el o los asesinos están libres en las calles.

Quizás sean policías, algún Junior hijo de papi, o un político o algún amigo de algún político, o un asesino serial, un violador, un alcohólico o un drogadicto.

Podemos especular y especular, porque los responsables de la investigación oficial nos salieron con que falla masiva humana.

Lo cierto es que el desorden social impide que una mujer camine tranquila por las calles sin sentir peligro por cómo se viste o la hora en la que decide caminar como cualquier hombre.

Esta sociedad enferma por el machismo, la educación patriarcal, la sexualidad desbordada en redes sociales, las drogas y las malas amistades, entre otros graves factores.

Ese escenario que impide que una mujer de cualquier edad haga una vida normal sin sentir el peligro y el miedo de una mirada amenazante, el piropo grosero y subido al nivel sexual, que lo convierte en zozobra y angustia.

Sí, el estado es el responsable de garantizar nuestra seguridad y debemos de exigirle que lo haga, pero hay que ser reflexivos, porque el estado somos todos.

Somos todos, la sociedad y en particular quienes hacemos familia y estamos obligados, con carácter preventivo y no reactivo, a estar atentos a nuestros hijos e hijas, hermanos, parientes y todos los que conforma la red familiar.

Atentos para evitar el consumo desmedido de alcohol, de drogas, la sumisión a las redes sociales y de las malas amistades.

Hoy por hoy el delito del feminicidio nos muestra que somos una sociedad ya enferma. No asumirlo así es divagar en las disculpas y los pretextos como una falla masiva humana .

Aceptar que somos una sociedad enferma es comenzar a tratar la enfermedad y cada quien hacerse responsable de su zona de trabajo, no de confort o de lo contrario habrá más Debanhis, que nos lastima por un tiempo y después gana la corrupción, la impunidad y la indiferencia social.