Ahora con esto de las redes sociales… ya “cualquiera” se autopercibe como periodista con tal de hacer uso de la difamación y la mentira, bajo la realidad de que golpe dado, ni dios lo quita, aunque no haya pruebas. Y es que, en redes sociales, ya no se necesita saber redactar, ni mucho menos dominar los géneros periodísticos, tales como la noticia, el reportaje, los artículos o columnas. Basta con tres párrafos y listo; ya tienen título, por supuesto sin preparación y mucho menos disciplina.

Antes, los seminaristas copiaban boletines, para posteriormente darle uso, sin escribir un solo párrafo; ahora son los pseudoperiodistas, alentados por funcionarios públicos de los tres niveles; federal, estatal y municipal quienes les utilizan para sus fines personales.

Puede interesarte: ¿Son pareja Natasha Dupeyrón y Karla Farfán?

¿Y donde queda la credibilidad?. Queda en el morbo social, los cuales, sin creerles, difunden las versiones en las redes sociales, cual vil chisme; sin el sustento periodístico, el cual involucra pruebas y testimonios, haciendo siempre la diferencia.

Hoy se calumnia y se difama; aunque ambos delitos desaparecieron del código penal, desde el 2009. Ahora se llama “daño moral”, el cual está exento de la inmoralidad de las redes sociales.

Por eso ahora, ya cualquier pen…. se dice ser periodista, sin tan solo haber recorrido una sola sala de redacción, “ya de perdis”.

Las consecuencias de las travesuras siempre terminan mal para los llamados “periodistas” de redes sociales, quienes denigran la noble profesión, al utilizar argumentos sin pruebas y hacen uso del “copiar y pegar” para sentirse dignos, pero siempre ignorantes y sin ética.