Cuando pensamos en Ridley Scott, la mayor parte de las veces, nos viene a la mente Gladiador, una cinta que le dio un Oscar al director como mejor película en el 2001, aunque lo cierto es que los más de 20 largometrajes que ha encabezado (no todos) demuestran que el británico sabe tomar una cámara, escribir buenas historias e interesar al público en distintos géneros, ya sea en ciencia ficción como en Blade Runner o Alien, o en cintas de época como Los Duelistas o El Último Duelo, sin olvidar también que nos ha mostrado que puede tener algunos tropezones en cintas históricas como en House of Gucci o 1942; un director que no necesariamente siempre atina, pero algo podemos rescatar de cada filme. 

Así llegamos a Napoleón, una cinta ¿biográfica? que trata de resumir una vida sumamente compleja de una figura icónica y controvertida como es el conquistador francés que pasó a los libros de historia gracias a sus proezas en batallas, donde sus victorias y fracasos lo llevaron a ser un ícono dimensionable en la guerra, el amor y su vida personal, lo que resulta en una tarea titánica para contar al pie de la letra y en tan solo dos horas y media toda esta trama, y, spoiler, Ridley Scott no lo hizo, pero tampoco es que esté del todo mal.

Ridley nunca se ha caracterizado por ser sumamente fiel a los hechos cuando nos presenta una cinta histórica, al contrario, se toma las suficientes licencias como para que cualquier historiador se revuelque del coraje y cite cada uno de los errores que se presentan en pantalla, pero el público, por lo general, da ciertos permisos debido a que las imágenes terminan por llenar esos huecos argumentales de situaciones que sabemos qué pasaron de otra forma.

Los problemas comienzan cuando te pones frente a una imagen como la de Napoleón, una figura sumamente reconocible y que al menos la mayor parte de la gente ha leído, escuchado o visto algo sobre él, pero el guion de la cinta insiste en presentarnos de manera enrevesada al personaje con tintes tiránicos, ególatras y codependientes al mismo tiempo, que si bien son rasgos que pudo o no tener a lo largo de su vida, terminan por alejar a una parte del público de manera significativa, sobre todo a las audiencias más grandes que en verdad estudiaron al personaje cuando eran jóvenes. 

Narrada en forma lineal, la cinta nos coloca a un Napoleón adulto justo antes de conocer a su amada Josefina, comenzando con la batalla en contra de los ingleses, la cual le dio los bríos suficientes para que comenzara su escalada hasta llegar a ser emperador, pero todo se complicaría cuando conoció a Beauharnais, con quien se casaría y trataría de tener una familia, mientras continuaba sus conquistas por todo Europa. 

Aquí es donde se cumple la frase “El que mucho abarca, poco aprieta”, ya que Ridley encapsula de manera amotinada un montón de arcos de forma sumamente apresurada y poco detallada, dejando más preguntas que respuestas y sumando algunos diálogos que en verdad parecen no aportar mucho a la trama, lo que genera la duda ¿Qué historia nos quiere contar el director? ¿La historia del Napoleón amante? ¿La del Napoleón conquistador? ¿O la de Napoleón histórico? Lamentablemente, la cinta no nos da una solución exacta. 

Si bien se apresura a contar la historia y no se dimensionan a los personajes de la mejor manera, la cinta encuentra su desahogo en los apartados técnicos. La fotografía de Dariuz Wolski, quien ya ha trabajado anteriormente con Ridley, muestra una maestría sustentable en imágenes históricamente fieles a las litografías y pinturas de la época, además de hacer un uso de la luz específico donde los tenues destellos de las velas y los grandes manejos de espacios abiertos se mezclan de manera específica para crear un ambiente de época, que si le sumamos las grandilocuentes escenas de batallas en verdad tenemos un distractor que nos hace perdernos en lo que vemos y deja de lado los problemas dentro del texto

Las actuaciones de Joaquin Phoenix y Vanessa Kirby, si bien demuestran una entrega formidable, el intérprete de Napoleón queda a deber un poco y parece que se está interpretando a él mismo de nueva cuenta como un personaje trastornado, poco entendido, resiliente y peleador, cuando en realidad edifica a un ser egocéntrico y bastante manipulador, lo que nos hace cuestionarnos si estos rasgos fueron los que se mencionaron en los medios sobre la investigación que hizo el mismo actor para darle vida al conquistador, sintiendo que pueden ser bastante más estorbosos que edificantes.

El apartado de las actuaciones termina por llegar a un equilibrio cuando se suman diálogos que aportan de forma correcta al avance de la historia, aunque no necesariamente sean apegados a una veracidad histórica fiel de un libro, pero sí colocan cierto dramatismo plausible que a veces raya en un melodrama simple y unidimensional, pero sabe pasar de ello y rematar con respuestas interesantes. 

La música de Martin Phipps logra colocar el elemento épico dentro de la producción y funciona también como válvula de escape a todos los señalamientos que podemos verter sobre la cinta, mezclándose de manera correcta con los sonidos ambientales que nos sumergen más dentro de las explosiones y sonidos de caballos galopando, por lo que repito, los apartados técnicos terminan por salvar la producción completa.

Con todo lo dicho, pareciera que Napoleón entretiene más por las proezas visuales que por su historia de amor, obsesión y guerra que pretende colar como hechos históricos reales, aunque en verdad la cinta es solo un pedacito de la fotografía, una pieza completa del rompecabezas que podríamos ver completo, pero no nos los presentaron, quizás por el miedo de tener una cinta de más de 4 horas, o tal vez porque jamás fue la intención ser fiel a los hechos.

Napoleón está mucho más cercana a Spencer de Pablo Larraín que a Juana de Arco de Luc Besson, que, si bien no es mala, tampoco es una copia fiel de los hechos históricos, por lo que, sin duda alguna, los expertos en la figura van a odiar y señalar cada uno de los errores, mientras que las nuevas generaciones tal vez no se interesen ni tantito en qué es lo que Ridley les quieren contar.

El error de no saber a quién va dirigida se siente como un bache, pero lo cierto es que el guion en general y las actuaciones tampoco resultan sumamente interesantes y tenemos una cinta con fuerza en su forma, pero con muchas áreas de oportunidad en su fondo, que, si bien no terminas por odiar, lo cierto es que resulta un tanto olvidable, pero sin ser necesariamente el fracaso que representó House of Gucci. 

Si eres fiel amante de la historia y de Napoleón, lo mejor será que dejes de lado la cinta y veas un buen documental, pero si conoces un poco de la vida del conquistador y no quieres que te cuenten de punto a punto una trama, puedes darle la oportunidad, quizás por ahí encuentres un hilo del cual tirar para interesarte en esta figura histórica y veas las dimensiones completas

Calificación: 7.0