Ciudad de México.- En los últimos cuatro años, las motocicletas eléctricas han ganado una presencia notable en las calles de México, consolidándose como una alternativa de transporte accesible y moderna. Aunque este tipo de vehículos comenzó su historia hace más de un siglo, su verdadero auge apenas comenzó recientemente, destacando por su bajo costo y eficiencia. Sin embargo, la falta de normativas específicas ha permitido una expansión acelerada y, en muchos casos, fuera del control de las autoridades.

Según datos del Banco de México, durante el año pasado ingresaron al país 580 mil 661 motocicletas eléctricas, lo que representa un incremento del 141 por ciento en comparación con 2023 y casi ocho veces más que en 2021. No obstante, expertos de la industria aseguran que la cifra real podría ser mucho mayor, ya que muchas unidades llegan sin ser debidamente registradas, lo que facilita su venta en un “mercado gris” que evade regulaciones y el pago de impuestos. Más del 90 por ciento de estos vehículos provienen de China, donde algunas compañías trabajan bajo estrictos lineamientos legales, mientras otras burlan el sistema mediante ensamblajes y reetiquetados locales.

Apenas en marzo pasado, autoridades capitalinas decomisaron cerca de mil 400 motos eléctricas de origen asiático en el Centro Histórico, por no poder acreditar su ingreso legal al país. Distribuidores formales, como uno de los importadores consultados, aseguran seguir al pie de la letra las normativas tanto chinas como mexicanas, y advierten que los comercios irregulares afectan la competencia y comprometen la seguridad del consumidor final. Mientras tanto, el vacío regulatorio continúa dejando espacio a la informalidad en este sector en pleno crecimiento.