En política es normal explicar. Lo que no es normal —aunque Morena lo haya convertido en costumbre— es justificarlo todo. Desde hace casi ocho años, la narrativa oficial funciona igual: si algo sale mal, la culpa siempre es de alguien más. De los gobiernos anteriores, de “la derecha”, de Estados Unidos, del clima o de cualquier enemigo disponible. Cualquiera, menos ellos.
El ejemplo más reciente vino de la Secretaría de Hacienda. Tras conocerse que el PIB de México se contrajo 0.8% en el primer trimestre de 2026 —la caída trimestral más fuerte desde la pandemia—, el gobierno se apresuró a explicar que todo se debía a “factores externos”: cambios en la política comercial de Estados Unidos, conflictos internacionales y condiciones climáticas adversas.
Curioso: ni una palabra sobre el desplome de la inversión pública, la inseguridad, la incertidumbre regulatoria o los mensajes contradictorios que el propio gobierno envía a los mercados. Para Morena, la economía mexicana es ejemplar; el problema es que el resto del planeta insiste en arruinarle las estadísticas.
En seguridad, el libreto es idéntico. Cada vez que ocurre una masacre o un repunte de violencia, la respuesta es la misma: “eso viene del pasado”. Siguen hablando de “la guerra de Calderón” como si el problema principal fuera un sexenio que terminó hace más de una década. Lo que rara vez mencionan es que con López Obrador hubo 83% más homicidios dolosos que con Calderón y 37% más que con Peña Nieto.
Cuando se trata de empresas del Estado, tampoco cambia la historia. El reciente derrame en el Golfo de México primero fue atribuido a un barco privado. Solo después de casi 70 días de presión pública, Pemex reconoció que el problema provenía de un oleoducto suyo. Eso sí: las consecuencias nunca llegaron a los altos niveles; bastó sacrificar a algunos funcionarios menores para cerrar el tema.
Algo parecido ocurrió tras el descarrilamiento del Tren Interoceánico, que dejó 14 personas fallecidas. Antes incluso de contar con un dictamen final, la presidenta Sheinbaum adelantó que la causa principal habría sido el exceso de velocidad del tren. Otra vez, la responsabilidad se desplazó hacia los operadores y no hacia quienes decidieron, diseñaron y aceleraron la obra.
En el sector eléctrico sucede exactamente lo mismo. Mientras aumentan los apagones y se denuncian problemas de mantenimiento e infraestructura obsoleta en la CFE, la explicación oficial apunta hacia el calor, el alto consumo o los robos de energía. Nunca hacia la falta de inversión y modernización.
El problema de fondo es simple: un gobierno que nunca reconoce errores tampoco corrige. Morena lleva casi ocho años en el poder, pero sigue gobernando como si acabara de llegar y como si todos los problemas hubieran sido heredados hace apenas unas semanas.
La pregunta no es si el contexto internacional o los errores del pasado influyen en México. Claro que influyen. La verdadera pregunta es cuándo veremos a un gobierno capaz de decir: “esto fue culpa nuestra y lo vamos a corregir”.
Mientras esa frase no exista en el vocabulario oficial, seguiremos viviendo en un país donde todos son responsables… menos quienes gobiernan que, como lo han demostrado hasta la saciedad, son unos irresponsables.






