Pakistán.- Una oleada de indignación tras la muerte del Líder Supremo iraní —atribuida a un ataque conjunto de Estados Unidos e Israel— desató una jornada de caos y violencia en Karachi, Pakistán. El intento de asalto al consulado estadounidense en esta ciudad portuaria dejó un saldo de nueve personas muertas y más de 25 heridas, marcando la escalada más grave de tensión diplomática en la región en los últimos años.
La comunidad chií de Pakistán, que representa aproximadamente al 15% de la población (unos 37 millones de personas), se movilizó en masa para exigir que el gobierno de Islamabad rompa vínculos con Washington, responsabilizando a la administración de Donald Trump de la crisis actual.
El asalto al consulado: Horas de caos
Lo que comenzó como una marcha de cientos de manifestantes derivó en un enfrentamiento campal cuando la multitud logró derribar la verja principal del recinto consular.
- Daños al edificio: Los manifestantes rompieron ventanas e intentaron incendiar una sección del edificio principal. Aunque la policía logró evitar que el fuego se propagara al interior, una caseta policial externa fue reducida a cenizas.
- Saldo mortal: El hospital principal de Karachi confirmó la recepción inicial de seis cuerpos, cifra que aumentó a nueve tras el fallecimiento de tres heridos críticos. Entre las víctimas se encuentran tanto manifestantes como efectivos de seguridad.
La violencia no se limitó a Karachi; el sentimiento anti-estadounidense se propagó rápidamente a otras ciudades clave, obligando a un despliegue masivo de paramilitares.
- Islamabad: Cerca de 4,000 personas cercaron la embajada de EE. UU. La policía utilizó gases lacrimógenos y disparos al aire para dispersar a la multitud.
- Skardu (Norte): Manifestantes incendiaron una oficina de las Naciones Unidas y destruyeron tres vehículos oficiales, elevando la preocupación internacional.
- Lahore y Multan: Se registraron movilizaciones masivas. En Multan, la activista Mamoona Sherazi definió al fallecido líder iraní como un «referente para todos los oprimidos».
El ministro del Interior, Mohsin Naqvi, intentó apaciguar los ánimos reconociendo el dolor de la población, pero instando a la vía pacífica.
«Cada ciudadano de Pakistán comparte el duelo del pueblo de Irán, pero debemos canalizar esta indignación sin recurrir a la violencia», declaró Naqvi, mientras ordenaba el blindaje total de todas las sedes diplomáticas del país.







