El viernes cerramos «En Contacto» leyendo una llamada de una televidente que suplicaba ayuda por parte de cualquier dependencia o asociación, porque su ex esposo la acosaba, amenazaba y perseguía. Como en muchos casos más, ya era del conocimiento del Centro de Empoderamiento de la Mujer, el asunto era que, como en la mayoría de los casos, aún estaban tratando de «resolverle».
Mientras las autoridades estaban en esa «gran labor», la madre de familia nos decía: «He tocado todas las puertas y ya sólo me queda la puerta falsa; cuando digan que no tomé la puerta correcta, ustedes sabrán que nadie me abrió ninguna otra».
Pudimos canalizarla con organizaciones que no están contaminadas con la lentitud que implica la burocracia, pero ¡Qué delicado!, ¡Cuánta verdad!. De enero a la fecha el triste conteo iba en 47 suicidios. En Coahuila, 153.
¿Cómo saber si se está haciendo realmente algo para atacar el problema desde la raíz? Poco se sabe sobre las causas que orillan a las víctimas (porque sí… por más que queramos disfrazarlo, son víctimas), a tomar la fatal decisión. Entonces, si no sabemos por qué lo hacen, bajo qué entorno viven, qué empleo desempeñaban, cuál era su salario… ¿Cómo vamos a estar seguros de que hay una estrategia que pueda funcionar?.
Hace años se impartía un curso, por parte de las autoridades, para dar a conocer de qué forma debíamos abordar los medios el tema del suicidio. Para evitar que la población tomara como ejemplo la decisión de las víctimas, se sugería no dar mayores datos. Es un hilo muy delgado entre el respeto a su vida y convertirlo en el muerto de quién sabe dónde, por quién sabe qué, con problemas que nadie supo, o que nadie quiso saber.
Conocer a las víctimas nos permitirá trabajar en el presente, y le dará a las autoridades armas para trabajar en políticas públicas que puedan darle un respiro a quienes sienten esta vida como una asfixia crónica. Si la víctima no tenía trabajo… Tendrá que haber un refuerzo en la estrategia del empleo; si la víctima tenía trabajo pero sentía que ante los aumentos era imposible sobrevivir con el «basto» salario mínimo; habrá que preocuparse por generar no sólo empleos, si no unos que soporten los aumentos que últimamente tiene todo allá afuera. Si la víctima se sentía amenazada, como la persona de la llamada que recibimos, habrá que revisar quién está dándole tantas largas a los asuntos de la mujer que, con su último aliento y con la fuerza que le queda, pone su vida en manos de la autoridad.
Dice mi padre «cuando hay un suicidio, todos tenemos un poco de culpa». Y ya estuvieran, ya estuviéramos, haciendo algo, pero la neta hemos perdido más tiempo negando esta realidad que haciendo algo por cambiarla.






