Con los alcaldes electos del PRI, el gobernador Riquelme habló claro. Lo que hagan o dejen de hacer, será factor importante para que los electores decidan si el priismos se mantiene o no con la gubernatura de Coahuila.

Y es que, junto al trabajo de un gobernador, el rendimiento de los alcaldes definen en mucho el resultado de una elección para gobernador, como la que tendremos el 23. Sí, es vital un buen candidato o candidata con buenas propuestas, con antecedentes de eficiencia y compromiso, pero tener alcaldes flojos, es un enorme pasivo. Los electores no perdonan falta de servicios básicos, calles con baches, sin iluminación o inseguridad.

Por eso, el gobernador Riquelme ha sido claro al leer la cartilla a los y las alcaldes electos. Y también ha solicitado a funcionarios de su confianza como Lauro Villarreal o Xavier Herrera, definir muy bien el respaldo al alcalde electo de Torreón, Román Alberto Cepeda. El PRI, para mantener la gubernatura de Coahuila, necesita gobernar bien Torreón, Saltillo y Piedras Negras.

Por eso, no es viable en lo político y en el ejercicio diario de la función pública, que Lauro Villarreal deje la titularidad del gabinete del gobernador Riquelme, para irse a la tesorería o a la Secretaría del Ayuntamiento de Torreón.

Viene para Riquelme un proceso de consolidación política y, para eso, requiere de su gente de confianza como Lauro Villarreal.

Funcionarios aliados a los alcaldes electos como Román en Torreón; José María Frausto Siller, en Saltillo y Norma Treviño en Piedras Negras. Por eso Lauro no se va a Torreón.