La necesidad de Disney de darle vida nueva a los clásicos que lo ayudaron a edificar su imperio ha dejado como resultado un número de live actions que en realidad no han sido del todo bien recibidos por el público y la crítica.
Cintas como Dumbo, Aladdin, El Libro de la Selva, Mulán, El Rey León o La Bella y la Bestia han tratado de captar la atención del público, pero en realidad brillan por la forma en la que “La Casa del Ratón” intenta respetar los cuentos clásicos, a la par de dotar a las historias de nuevos agregados para que las tramas sean consumidas por nuevas generaciones; aunque la jugada no siempre (casi nunca) les ha salido bien.
Solo basta con recordar Pinocho o Peter Pan y Wendy para darnos cuentas de que, por más que busquen dar un nuevo aire a sus clásicos, los más pequeños no necesariamente les atraen las historias y a los más grandes les es prácticamente imposible digerirlas.
Así llegamos a la nueva adaptación de La Sirenita, que toma la trama de la cinta estrenada en 1989 (inspirada en la historia de Hans Christian Andersen, publicada en 1837) como base, e intenta darle un nuevo sentido en forma y fondo con la utilización de actores reales y un montón de CGI, combinación que nos introduce en la vida marina fantasiosa de la trama.
De la mano de Rob Marshall, a quien recordamos por dirigir Chicago o Memorias de una Geisha, la película nos cuenta la historia de Ariel, una sirena que desea conocer los secretos que guarda el mundo exterior, mismo que su padre, el rey Tritón, le tiene prohibido explorar. Tras salir a la superficie y conocer al príncipe Eric, nuestra protagonista hará un trato con la bruja Úrsula para poder visitar la tierra, buscar el amor y encontrar su verdadero propósito de vida.
Partiendo con esta premisa, la nueva versión de La Sirenita no busca ni ofrece nada que no hayamos visto en la película animada; prácticamente vemos un calco de trazos, escenas, diálogos y canciones de los 90 minutos de la cinta original, pero con pequeños agregados de canciones extra que se sienten un tanto innecesarios, olvidables y solo logran que la producción se alargue por poco más de dos horas.
Si bien la cinta trata de recrear la mayor parte de la película de origen, el live action falla en la manera física en la que nuestros personajes interactúan con su alrededor, lo que nos deja con un sabor de boca agridulce entre estar viendo algo que ya conocemos, pero sin ese toque mágico que caracterizaba a Disney y sus clásicos.
El guion no aporta más a una historia que ya conocemos. Los pocos agregados que tiene la historia parece que estorban antes de aportar para que queramos saber y conocer un poco más de la historia de fondo de nuestros personajes, y es ahí donde la cinta comienza a fallar; la presentación de un primer acto casi copiado fotograma por fotograma y un segundo momento aburrido, largo y espeso que no estoy muy seguro de que entretenga a las audiencias de infantes.
Tampoco se trata de señalar la cinta como un error garrafal. Si bien la estética de las animaciones y la forma en la que sabemos que los decorados no son reales nos sacan de la experiencia, las actuaciones de Halle Bailey, Javier Bardem y Melissa McCarthy cumplen con su rol y en verdad sientes que tanto la Sirenita, Tritón y Úrsula están siendo encanados de la mejor manera; caso contrario con Jonah Hauer-King, quien dota a Eric de algunos matices que, lejos de hacerlo sentir como un príncipe, parece que edifica a un niño caprichoso que solo quiere escapar de su vida.
Y como punto extra hay que mencionar que por primera vez vemos a Melissa McCarthy en un papel distinto a los mismos que siempre interpreta; es una lástima que no sea sino hasta el final de la cinta cuando la disfrutamos en todo su esplendor, lo que deja un hueco que la cinta no llena al plantar una semilla para saber más de esta villana.
Cuando se presentó el tráiler de la cinta fue muy criticada la manera en la que los personajes de Sebastian, Flounder y Scuttle fueron adaptados, y, aunque nos encantaría decir que se esperaron y cambiaron para que esto no fuera un punto débil en la cinta, lo cierto es que el diseño de cada uno de ellos resulta un poco burdo y no tan bien logrado, a lo que le sumamos que no siempre siguen las reglas físicas que la misma cinta plantea, y eso puede generar algo de ruido en el espectador; digo, sabemos que las gaviotas pueden bucear de manera superficial, pero ¿sostener una charla larga debajo del mar?
La fotografía del ganador del Oscar (Memorias de una Geisha) Dion Beebe reluce mucho más cuando la cita toca tierra, literalmente, y dejamos de lado los decorados de pantalla verde que no son tan deslumbrantes como en la cinta animada; mientras que en la versión original tenemos un reino acuático, en esta cinta muy apenas vemos un pequeño trono para Tritón y un naufragio que no sorprende del todo.
Para respiro de muchos, el tercer acto de la producción y la pelea final entre nuestra protagonista y la bruja logra lo que toda la cinta ignoró: crear un poco de emoción y tensión a aquello que presenta en cada escena.
Tal vez sea porque la cinta original animada se podía dar ciertas licencias con la forma en la que presentaba a los personajes y sus problemas, donde sabíamos que no era un mundo real, pero el gran bache de la cinta es que en ningún momento se siente como algo mágico, y, al ser tan terrenal y no dejar que empaticemos con los personajes, comenzamos a cuestionarnos todo, a ver agujeros y a no interesarnos o preocuparnos por lo que le les pasa a la protagonista y su enamorado en pantalla.
Eso sí, las interpretaciones de cada uno de los temas merecen un aplauso por la manera en la que se respeta el origen y se dota de cierta teatralidad con la voz de Halle Bailey, que, sin duda, es de lo mejor que tiene toda la película.
Al final, La Sirenita se siente como un live action más que cumple con lo básico de una adaptación y no molesta o falla tanto como Pinocho o El Rey León, aunque sí peca en estirar de más la trama, no generar un gancho emocional y hacernos sentir que con la cinta original teníamos más que suficiente.
Probablemente seguiremos viendo que Disney suma a directores como Robert Zemeckiz, Guy Ritchie o Tim Burton a sus planes de llevar a la vida real sus historias, pero ese elemento seguramente se gastará muy rápido si seguimos sintiendo que hacen estas cintas solo para comerciar y vender juguetes, poniendo en segundo plano lo que el público en verdad desea: una buena historia.
Calificación: 6.9






