La reunión con empresarios que le organizó el gobernador Miguel Riquelme a Manolo Jiménez en Torreón, tiene otra lectura.
Además de placearlo, sirvió para dar, desde ahora, el manotazo y dejar en claro que nadie se saldrá de control, hasta que el primer priista decida el nombre del candidato a gobernador.
Y es que sabe que al momento de tomar protesta, los políticos cambian y muy pocos mantienen la gratitud al apoyo.
En ese sentido, van dos acciones que debe leer bien Román Alberto Cepeda, quien recuperó la alcaldía de Torreón que estaba en manos del PAN.
La primera, la reunión con Xavier Herrera, hombre funcionario de todas las confianzas del gobernador Riquelme, para decidir a quienes serán funcionarios municipales con Román Alberto.
Ahora, la presencia de Manolo Jiménez en Torreón, para que Román entienda que antes de pretender se candidato a gobernador, tiene que ajustarse a las decisiones de Riquelme, a quien le debe en gran medida, el triunfo en Torreón.
En varias reuniones Román Alberto ha expresado sus intensiones de alcanzar la gubernatura, y es algo legítimo, pero todo a su tiempo, y aún no es su tiempo.
Primero debe ser un buen alcalde de Torreón, antes de seguir los pasos de su abuelo Román Cepeda Flores, que gobernó Coahuila de 1951 a 1957.
Primero deberá mostrar lealtad y no obedecer a intereses de otros grupos políticos que no sean el de Miguel Riquelme.
Por eso la visita de Manolo a Torreón tiene esta otra lectura, clara y contundente.
Y más, la instrucción de que sea el propio Román Alberto quien le organice las futuras reuniones con gente importante de Torreón, al alcalde de Saltillo, Manolo Jiménez. La forma es fondo, como dijo don Jesús Reyes Heroles.






