La reciente ejecución de Nemesio Oceguera alias “Mencho” , evidenció muchos aspectos de la vida y zozobra del narcotráfico en México; su evolución y enquistamiento en las esferas sociales, gubernamentales, productivas, en las comunidades, círculos políticos y militares; no sólo son aspectos conocidos; sino otros que se ocultan y que corren parejos a la inmensa corrupción e impunidad, prohijada por autoridades mexicanas y extranjeras, desde las agencias de inteligencia  encargadas de la seguridad del Estado, hasta organismos policiacos y militares encargados del combate al trasiego de las drogas y al crimen organizado.

Muchas cosas quedan claras: en primer lugar,  no hay producción, no hay oferta, si no hay demanda y no podrá abatirse esta enfermedad social de nuestra época si no se trabaja a la par, en ambas direcciones; en segundo lugar: la prohibición del uso y abuso de las drogas, sólo encarece el pingüe negocio, que día tras día “‘produce”  enormes cantidades de dinero, miles de millones de dólares se mueven en una actividad constante, que para los que a esto se dedican significan ganancias estratosféricas que no podrían obtener con una actividad lícita. Son negocios redondos que se combinan con la producción de armas, tráfico de influencias, actividades aduaneras, operaciones financieras, comercio internacional, evasión fiscal y cientos de movimientos; son verdaderas empresas trasnacionales, a las que no importa el dolor, el sufrimiento y la muerte de los que caen en sus garras; es el capitalismo más salvaje y criminal.

La caída de un capo; así sea el más buscado, el más criminal y violento, no significa , la aniquilación del cartel, habrá qué ver en las próximas semanas hasta dónde se afectaron las estructuras; por lo pronto, la respuesta es contundente, bloqueos, incendios y más de 70 muertes, en dos terceras partes del territorio, hablan no sólo de una capacidad de respuesta, de coordinación y potencia de fuego…habla de mandos centralizados que no han sido afectados en su accionar, de un ejército disciplinado y muy organizado; desmantelar esta red delincuencial llevará tiempo; de la consistencia, perseverancia de las autoridades mexicanas y colaboradores internacionales , dependerá  la profundidad del daño real a las estructuras, que hoy por hoy  se mantienen, la subsistencia también dependerá de cómo resuelvan las contradicciones internas, el problema de la sucesión en el liderazgo.

Un hilo conductor será la nómina y las fuentes de ingresos; hasta ahorita se sabe por publicaciones, que se han dado a conocer lo variado de las “contrataciones”, desde halcones , sicarios , mandos militares y operativos, hasta autoridades de los tres niveles de gobierno y operadores financieros de alto nivel, que constituyen una nómina muy abultada y costosa  que se financia a partir de tres fuentes fundamentales: la producción y el trasiego de enervantes, el huachicol fiscal y robo de hidrocarburos, la extorsión; tanto a autoridades municipales como a particulares, el cobro de piso (doble impuesto) a comerciantes y empresarios y el secuestro. Detener el suministro y distribución a los que cobran, a los que dependen de esa nómina, es factor fundamental para el desmantelamiento de los cárteles. La otra cuestión fundamental, será abatir la demanda y el consumo, las redes de narcomenudeo; porque al mantenerse, siempre habrá alguien dispuesto a “jugársela “ para percibir los enormes ingresos que esto produce.